Guía breve para las elecciones de EE.UU.

Ha llegado el día en que los estadounidenses votan al que será, desde el próximo 20 de enero, el próximo presidente de Estados Unidos y mandatario más influyente del planeta (ahí es nada). Hemos dedicado cierta atención desde este blog y su podcast a estas elecciones dada la influencia que su resultado puede tener a nivel global. Mañana miércoles nos levantaremos con el resultado, ya que no será hasta nuestras 5 a.m. aproximadamente, hora a la que cierran los colegios electorales en la costa este, cuando se empezarán a conocer los resultados.
Si aun así quieres seguir la noche electoral o, al menos, no perderte entre la cantidad de datos que ofrecerán los medios, te ofrecemos una guía rápida para que te fijas directamente en los datos más relevantes.
Empezaré diciendo que nadie, ni siquiera en EEUU, previó que Trump llegara con opciones reales en ninguna de las fases previas, especialmente en las primarias republicanas y en la elección propiamente dicha. Pero Trump obtuvo la nominación de una forma clara y las últimas encuestas a la presidenciales han dicho que está bastante más cerca de Clinton de lo que cabría esperar. Es cierto que las encuestas, probablemente debido a los cambios tan acusados y veloces que se están produciendo en lo que al voto se refiere en todo occidente y a la inadaptación de sus metodologías, se han convertido en instrumentos que, siendo benévolos, hay que coger con pinzas creando una incertidumbre que favorece al candidato republicano, mucho más si vemos lo que ocurrió en Reino Unido con el Brexit o en Colombia con los Acuerdos de Paz.
Con todo, los resultados en muchos estados son predecibles debido a su tradición política, así que no pretendemos marear con ellos y nos centraremos sólo en aquéllos que pueden decantar la balanza.
Sistema de elección. Cada distrito electoral asigna un número de votos electorales, haciendo un total de 538, por lo que un candidato necesita 270 para convertirse en Presidente de los Estados Unidos. En la inmensa mayoría de casos, este distrito se corresponde con el estado, aunque hay un par de excepciones de no demasiada importancia (el caso de Maine, con tres distritos repartidos 2-1-1, y Nebraska, con dos distritos 4-1). El candidato que recibe más votos se queda con todos los votos electorales de ese estado.
Puntos de partida. Decíamos antes que la mayoría de estados tienen un resultado previsible debido a su tradición política (consecuencia directa de factores demográficos, sociales, económicos, históricos…), donde las diferencias de un partido sobre el otro suelen ser amplias y, aunque éstas se redujesen (lo cual es posible debido al rechazo que provocan los candidatos), parece muy complicado que caigan del otro lado. Las encuestas suelen respaldar “lo natural” en estos estados. Así, partiremos de los siguientes supuestos.
Salvo sorpresa (por ejemplo en Alaska), Donald Trump puede contar por victoria los estados de Alabama, Arkansas, Idaho, Indiana, Kansas, Kentucky, Louisiana, Missouri, Mississipi, Montana, Nebraska, las dos Dakota, Oklahoma, Tenesse, Texas, Utah, West Virginia y Wyoming, a los que seguramente añadirá Alaska y Carolina del Sur. Estos estados sumarían 164-165 delegados, dejándole a 105-106 de la elección. A pesar del gran número de estados en los que es presumible que venza, éstos son los estados más despoblados y, por tanto, los que menos votos electorales aportan. Aparte de Texas (38 votos electorales), sólo dos estados más aportan 11 (Indiana y Tenesse) y otro 10 (Missouri). El resto están por debajo de esa cantidad.
Por su parte, Hillary Clinton puede contar con la victoria en California, Connecticut, Delaware, Washington D.C., Hawaii, Illinois, Maryland, Massachusetts, Nueva Jersey, Nueva York, Oregon, Rhode Island, Vermont, Washington y Wisconsin, a los que probablemente podrá añadir Maine (al menos 3 de sus 4 votos electorales), Michigan,  Minnesota y Virginia. Esto sumaría un total de 234-235 votos electorales, faltándole, por tanto, 34-35  para alcanzar la victoria. Es evidente que su posición de partida es mucho más favorable que la de Trump debido a que gran parte de estos estados son los que más peso demográfico han asumido en las últimas décadas, fruto principalmente de la inmigración (hasta 11 estados alcanzan o superan los 10 votos electorales). Sin embargo, no es menos cierto que, contra un candidato como Trump, casi cualquier candidato demócrata tendría más que asegurada la presidencia, lo que debería hacer reflexionar a la candidata demócrata.
Los ‘swing states’. Hasta aquí todo más o menos claro y podéis saltaros todos los estados nombrados arriba. Aunque yo ya no descarto sorpresas, en principio no debería haber grandes movimientos (y si los hay, los medios os lo hagan notar enseguida).
¿Dónde estará la clave entonces? En los estados restantes, llamados ‘swing states’ o estados pendulares que se mueven hacia un lado o al otro dependiendo de la elección y que se resuelven, normalmente, por márgenes pequeños. Por supuesto, hay estados más importantes. Te sugerimos que mires el siguiente orden.
Florida. Es un estado clave en estas elecciones. Otorga 29 votos electorales. Desde la caída del Muro de Berlín, ha datos sus delegados 3 veces a los republicanos (Bush padre, aunque perdió, y las dos de Bush hijo) y otras 3 a los demócratas (Clinton II y las dos de Obama), siempre por márgenes cortos (hay que recordar el 0,01% de 2000 a favor de Bush hijo). De las últimas encuestas de noviembre, 4 son favorables a Clinton, 1 a Trump y otra otorga un empate. Es un estado incierto pero es clave por una razón: si Clinton vence aquí, tiene la presidencia en el bolsillo (se quedaría a 5 o 6 votos electorales de la victoria, con algunos estados indecisos proclives). Trump necesitaría ganar este estado para seguir en la carrera con ciertas garantías. O eso o se ve necesitado de romper algún estado grande pro-demócrata no previsto. No es que le elimine automáticamente, pero la cuesta arriba se hace mucho más larga. El voto inmigrante (o su ausencia) otorgarán la victoria en este estado.
Pennsylvania. Otorga 20 votos electorales. Es feudo demócrata desde 1992 (Bill Clinton I) y ha sido mantenido por todos los candidatos demócratas aunque perdieran las elecciones (Clinton II, Gore, Biden y Obama I y II). La lógica dicta que caiga del lado demócrata y la inmensa mayoría de encuestas les dan la victoria pero con márgenes muy pequeños que siembran la duda ante un Trump que ha mejorado sus previsiones en este estado de forma contundente. Si Clinton vence podría permitirse, incluso, la derrota en Florida y seguiría en una situación privilegiada para llegar a la Casa Blanca. De vencer en ambos estados será la próxima presidenta de los Estados Unidos. Por su parte, Trump necesita vencer en al menos uno para seguir con opciones. Ganar los dos estados le daría un impulso tremendo con un matiz: seguiría necesitando varios estados indecisos para ganar (incluida alguna sorpresa), mientras que para Clinton, en principio, serían suficientes.
Veamos ahora el resto de estados indecisos de forma muy breve:
Ohio (18 votos electorales). Es un estado que llama la atención, no sólo porque reparte una buena cantidad de delegados, sino porque el candidato vencedor aquí ha resultado vencedor en las elecciones presidenciales desde 1980 (no he consultado más allá). Así pues estamos ante un estado pendular en el que, además, las encuestas han ido cambiando el vencedor desde el inicio de la campaña. Parece que Trump llega con algo de ventaja pero puede ser un buen sustituto de Pennsylvania para Clinton si llegase a perderlo.
Georgia (16). La última vez que un demócrata venció fue en 1992 (Clinton I) por lo que la lógica dicta que debería caer del lado republicano. Perderlo sería un golpe duro para las aspiraciones de Trump. Encuestas muy cerradas.
Carolina del Norte (15). Era un feudo tradicionalmente republicano hasta la llegada de Obama, que volvió a perder en 2012. Se ha convertido en una incógnita por sus encuestas igualadas. Trump debe vencer aquí si quiere aspirar a ocupar la Casa Blanca. De ganar Clinton, aumentará mucho sus opciones.
Arizona (11). Sólo Clinton en su reelección (1996) ha conseguido arrebatar este estado a los republicanos desde 1980. Las diferencias en favor de los republicanos, además, han sido bastante solventes y Trump maneja las peores cifras de su partido desde entonces, posible mezcla de su candidatura y del aumento demográfico inmigrante. Aun así, Trump debería hacerse con este estado.
Colorado (9). Estado que ha otorgado 3 victorias a los demócratas (Clinton I y Obama I y II) y 4 a los republicanos (Bush padre, Dole frente a Clinton II, y Bush hijo I y II) por diferencias en torno a los 5 puntos. Ninguna encuesta favorece a Trump (le dan algunos empates) por lo que, en principio, parece que caerá del lado demócrata. Puede ser el golpe final a Trump.
Iowa (6). Si bien es cierto que no otorga una gran cantidad de delegados, habrá puesta mucha atención en este estado, sobre todo si Clinton gana en Florida, ya que la combinación de ambos estados, que es factible, asegura prácticamente la elección de la candidata demócrata. Sólo Bush hijo consiguió vencer en su reelección a los demócratas desde Reagan. Las últimas encuestas, sin embargo, otorgan una mínima ventaja a Trump. Si consigue arrebatárselo a Clinton, será un buen espaldarazo.
Nevada (6). En este estado ha vencido el ganador de las elecciones al menos desde 1980. Es una gran incógnita (fruto de la mezcla de población tradicional que apoya a Trump y la inmigración llegada en los últimos 30 años que, en principio, es favorable a los demócratas). Trump lo necesita. Clinton, no.
Nuevo México (5). Todas las encuestas a lo largo de la campaña han dado como ganadora a Clinton. Repito, todas. Eso sí, cada vez con un menor margen lo que ha puesto este estado en cuarentena. Lo normal es que caiga del lado de Clinton pero no se descarta la sorpresa.
New Hampshire (4). Feudo demócrata desde Clinton que sólo Bush hijo consiguió conquistar para los republicanos en 2000. Perder este estado sería un grave error de Clinton, aunque, como hemos visto, puede que no sea fatal.
Pincha en la imagen para ampliar.

Elaboración propia con la herramienta de Real Clear Politics. Pincha en la imagen para ampliar.

Con estos mimbres, la elección presidencial está servida. Cabe recordar que también se celebran elecciones para renovar un tercio del Senado y la Cámara de Representantes. Mientras en la primera, es posible que los demócratas recuperen la mayoría, en la segunda se antoja imposible.
Una última curiosidad: en caso de empate a votos electorales, la Cámara elegiría al presidente y el Senado al vicepresidente. ¿Os imagináis un gobierno Trump (republicano) – Kaine (demócrata)? Sería, reconozcámoslo, un final épico a esta comedia.
El miércoles grabaremos un podcast donde hablaremos de los resultados y los analizaremos de forma breve, sin perjuicio de escribir más entradas escritas donde profundizaremos en los mismos.
¡Que Uds. lo disfruten!

us-electionphoto credit: The New York Times

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