Apuntes sobre Feminismo

Hace poco me ofrecieron una maravillosa oportunidad que me haría pasar a formar parte de uno de los proyectos más comprometidos que he visto desde hace mucho: comenzar a escribir en este blog. Me lo propuso un exmonitor mío con el que la verdad hacía mucho que no tenía contacto y no pude hacer otra cosa que aceptar y subirme al tren que me estaba ofreciendo para tener la oportunidad de sumar mi granito de arena a todo lo que habían creado y explicar, desde mi humilde punto de vista, todo aquello que es para mí la Política.
En realidad al principio me sentí un poco abrumada, había publicado antes pero nunca sobre Política y sentía que me iba a quedar grande y que, dada la pasión que siento por este campo, no iba a poder ser totalmente imparcial y objetiva. Decidí que si mi monitor me lo había propuesto es porque había visto algo en mí, quizá algo diferente a lo que tienen los demás participantes, ni mejor ni peor, sólo diferente y quise creer que ese “no sé qué” diferente era mi visceral forma de ver y vivir la Política desde la perspectiva de alguien que ha empezado su andadura en ella como si dijésemos ayer.  Por eso decidí que quería dedicar mi primera intervención en el blog a experimentar, a buscar cuál es mi manera de transmitir, a probar y por eso he elegido tratar un tema que me apasiona y dejar para próximos artículos mi cara más objetiva. Y ese es el motivo que me llevó a elegir el Feminismo como tema para empezar mi andadura en el blog.
No me gustan las etiquetas políticas, lo de definirse como “soy de izquierdas o de derechas”, etc. Definirse es limitarse (y ponerle las cosas mucho más fáciles a aquéllos que te quieran manipular y convertir en su marioneta). Pero si algo tengo claro es que si entrara en el juego de los roles en la Política (juego en el que tarde o temprano todos entramos y en el que estamos condenados a jugar), la primera etiqueta que me estamparía en la frente sería “Feminista”. Sí, esa cosa que casi todo el mundo cree que es una moda, esa cosa que de la que creen que es algo que no hay que airear como una bandera porque claro, si eres una mujer va implícito que tienes que ser feminista, eso que muchos consideran erróneo porque “no son feministas ni machistas, son IGUALITARIOS”. A todos esos cojo mi megáfono y les digo: Sí, soy Feminista. Por ello, me gustaría describir qué es el Feminismo como buenamente pueda, no sólo desde un punto de vista particular y propio, sino recorriendo lo más brevemente que pueda la historia del Feminismo.
Se podría definir como “Feminismo” aquella doctrina política, social y de todo ámbito que pretende la liberación de la mujer. ¿Liberación de la mujer? ¿Es que la mujer no está liberada? ¿No es un concepto demasiado amplio? Pues sí, en efecto, es un concepto amplísimo, pero lo es porque el Feminismo defiende, quiere y lucha por la liberación de la mujer en todo ámbito de su existencia y con esa liberación femenina pretende también la liberación del hombre en cuanto a un cambio en las mentalidades, una ruptura y liberación frente a los pensamientos arcaicos que han sido inculcados en las mentes tanto de hombres como de mujeres. Esta doctrina basa su ideario en eliminar los roles, estereotipos, desigualdades, jerarquías y diferencias que siempre han existido en la sociedad entre hombres y mujeres. Pero el feminismo no sólo desenvaina su espada en pos de los derechos de la mujer, sino que abarca los derechos de cualquier género o condición sexual de los que se pueda sentir parte una persona: transgéneros, intergéneros, colectivo LGTB…
Según muchos autores, a lo largo de la Historia del Feminismo pueden diferenciarse tres etapas llamadas “olas” del Feminismo. La primera se considera normalmente que comienza con las revoluciones liberales del siglo XVIII, sobre todo en la Revolución Francesa, en la que los estandartes principales fueron la consecución de libertad, la abolición del Antiguo Régimen y el reconocimiento de los derechos fundamentales del hombre. Sin embargo, a pesar de que esta primera ola supuso un avance en la situación de la mujer en la sociedad, sólo fue un avance relativo pues sus derechos seguían muy mermados en relación a los derechos conquistados por  los hombres en la Revolución, además de que esos derechos estaban reservados sólo para una parte muy reducida de las mujeres de la época (mujeres de alta alcurnia y burguesas) y de que la visión del papel de la mujer como ser humano capaz de llevar a cabo más asuntos aparte de los meramente domésticos no era compartida por todos los ilustrados partidarios de la Revolución (por ejemplo, Rousseau). Por ello, en esta primera Ola del Feminismo se alzaron voces de autoras como Mary Wollstonecraft u Olympe de Gouges, cuyas publicaciones reivindicaban el reconocimiento de la mujer y de sus derechos y que abrieron camino a todas las mujeres que lucharon por el Feminismo desde entonces en adelante.
La segunda “Ola” del Feminismo es la llamada “ola sufragista” pues  sus reivindicaciones principales giran en torno a un eje central: el reconocimiento del derecho a voto de la mujer. Comenzó en el siglo XIX y se cierra aproximadamente con el final de la Segunda Guerra Mundial. Esta segunda ola refuerza también las reivindicaciones de las mujeres en cuanto al trabajo, sobre todo por la necesidad de mano de obra derivada de la Revolución Industrial y de escasez de hombres en los puestos de trabajo dado que se encontraban en el frente. Símbolos de esta segunda ola del Feminismo son la Declaración de Seneca Falls de 1848, convención celebrada en EEUU que tuvo como resultado un texto en pos de los derechos de la mujer sobre todo en materia política, la obra de John Stuart Mill y Harriet Taylor,El sometimiento de la mujer” y sobre todo la aparición del movimiento sufragista formado por un grupo de mujeres inglesas encabezadas por Emmeline Pankhurst cuyo principal estandarte era el derecho al voto de la mujer.
Por último pero no por ello menos importante, la tercera Ola del Feminismo se extiende desde los años 60 del siglo XX hasta nuestros tiempos, teniendo como obra de cabecera la memorable obra de Simone de Beauvoir, “El segundo sexo”. Los y las feministas de la tercera Ola consideran que, durante los últimos años del siglo XX y en nuestros tiempos, el principal enemigo del Feminismo debe ser el estereotipo de la mujer como mercancía y objeto sexual utilizado en la publicidad y en los mediso para uso y disfrute de la sociedad patriarcal. Mmm… curiosa palabra esa de patriarcal… y os preguntareis, ¿qué es el patriarcado? Según la RAE, “patriarcado” es una “organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje”. Hoy en día los y las feministas contemporáneas consideran patriarcal aquella sociedad en la que los estereotipos tradicionales de la mujer como madre y esposa e incluso algunos valores actuales como la mujer como objeto meramente sexual siguen vigentes y se extienden a todos los campos de la vida social generando desigualdades entre sexos, aparte de toda aquella sociedad en la que la figura del hombre sigue siendo la principal autoridad y se imponga sobre el género femenino u otros géneros. Por tanto, el Feminismo contemporáneo centra su lucha en combatir contra la hipersexualización de la mujer, las desigualdades sociales, laborales y de cualquier otro tipo que surjan entre el género femenino y masculino, los micromachismos (expresiones cotidianas de machismo que, dada la abundancia y asiduidad con las que se dan en la sociedad y lo asumidas y asimiladas que las tenemos, pasan desapercibidas pero forman parte de la socialización patriarcal) y toda aquella forma de opresión que se pueda dar contra el género femenino en esta nuestra supuestamente civilizada y moderna sociedad. En definitiva, el principal objetivo de la tercera Ola del Feminismo es alcanzar la igualdad de género.
Sin embargo, lo que menos sospecha la corriente feminista contemporánea es que su peor enemigo puede encontrarse en casa: los radicalismos. En los últimos tiempos, existe cierta tendencia a utilizar expresiones como “hembrista” o “feminazi” para denominar a personas que parecen defender el feminismo. Estos términos no solo son ofensivos y degradantes, sino que derivan de una tergiversación completa de lo que es o debería ser la corriente feminista. Normalmente se nombran con estos términos a aquellos que defienden un feminismo de una manera radical (y no combativa, que es como debería ser y no son lo mismo). También hay otros que sacan pecho, alzan la voz y dicen orgullosos “yo no soy ni machista ni feminista, yo soy IGUALITARIO”. Sin embargo, el Feminismo no busca la supremacía de la mujer sobre el hombre ni erradicar al género masculino de la faz de la Tierra, ni crear un imperio en el que que se cambien las tornas y la mujer oprima al hombre, no. El verdadero Feminismo es respetuoso, combativo, activo, e igualitario pues busca la igualdad de derechos, libertades, deberes y oportunidades entre los sexos y todo lo que vaya más allá de eso no es Feminismo.
No os dejéis engañar y que no os cuenten cuentos.

sufragistasphoto credit: Mujerícolas

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