¿Por qué está en guerra el PSOE?

Si alguien cree que lo del PSOE, que denominé en un capítulo del podcast como “jardín máximo”, empezó ayer, cuando diecisiete de los treinta y cinco miembros activos de la Ejecutiva dimitieron en bloque para forzar la salida de Pedro Sánchez, humildemente creo que se equivoca. El PSOE lleva navegando hacia el acantilado desde la salida de Zapatero (quién lo iba a decir), no sólo por su mala gestión durante los años de la crisis sino, sobre todo, por el vacío de liderazgo que dejó (quién lo iba a decir again). Fue elegido como su sucesor Rubalcaba, miembro incluso de los gobiernos de Felipe González, que no era la figura destinada a darle el empuje y la renovación que el partido necesitaba (que podría habérselos dado su rival en las primarias, Carme Chacón) sino, más bien, a mantener el timón firme y reconocible de cara a la situación de incertidumbre que se había abierto en el partido. Visto lo visto, y con la perspectiva que da el tiempo, parece que no lo hizo del todo mal.
Rubalcaba decidió salir tras los malos resultados de las europeas de mayo de 2014, dando tiempo suficiente al nuevo secretario general a preparar el nuevo PSOE, aquél que debía recuperar el gobierno para los socialistas de manos del PP. Hace hoy bastante gracia recordar que Sánchez fue apoyado por la mayoría de barones por representar una opción más moderada y tradicional que Madina (apoyado por Zapatero y muy crítico con la etapa Rubalcaba) y que Tapias, los otros dos candidatos, más capaz de entenderse con la derecha (Podemos acababa de nacer y no representaba un peligro real) y de llegar a acuerdos consensuados en el interior. Querían que fuera, más bien, una especie de coordinador, de nexo entre los diferentes líderes territoriales, verdaderos dirigentes del partido.
Sánchez tuvo un año y medio para preparar al partido, intentando unir lo que la salida de Zapatero había provocado: el enfrentamiento entre quienes apostaban por continuar la línea tradicional (de la que él se suponía era la cabeza visible) y quienes defendían un cambio de rumbo (entre los que, curiosamente, se encontraban Zapatero, Madina o Chacón). Con esa voluntad, Sánchez nombró un Comité Federal que representara casi al 50% ambas sensibilidades, aprendiendo del error que había convertido Rubalcaba, que aisló al sector “chaconista”. Eso sí, con Madina bien lejos. ¿El objetivo final? Recuperar al votante tradicional del PSOE que, por aquel entonces, ya se estaba moviendo a Podemos en una cantidad importante.
Sánchez (o Pdro según aquella famosa y efímera web) cometió sin embargo algunos errores. El primero, en mi opinión, rodearse únicamente de un núcleo tan duro. Si lo que pretendía era restañar heridas, no eran los Luena, Hernando, Isabel Rodríguez, Pedro Saura o Patxi López en un núcleo cerrado los que iban a darle un aire de consenso. Esto no pareció un problema durante el tiempo en el que los barones respaldaban a Sánchez, pero ha demostrado serlo ahora cuando ninguna voz crítica o distinta rodea al secretario general sino que le alientan a seguir forzando la situación.
El segundo fue asumir un modo autoritario de gestionar las crisis territoriales. En febrero de 2015, Sánchez destituyó a Tomás Gómez como secretario general del PSOE de Madrid, usando como razón las investigaciones que se estaban realizando sobre el sobrecoste del tranvía de Parla, de una forma poco “amable” para con un líder territorial fuertemente respaldado por su federación. No seré yo quien defienda las políticas de Tomás Gómez, pero el espectáculo dado (cambio de cerradura incluido) y que la “víctima” fuera el rival que ganó a Trinidad Jiménez en 2011, en cuya candidatura iba Sánchez, pusieron en alerta a los barones. Hace no mucho, miembros del Partido Socialista de Galicia denunciaron que la Ejecutiva de Sánchez había impuesto las listas electorales (con mal resultado, según se ha visto). El propio Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana y miembro (ex miembro ya) de la Ejecutiva, se vio deslegitimado a la hora de negociar listas al Senado con Compromís y aquellos líderes regionales que han mostrado su discrepancia (García Page, Fernández Vara) han sido invitados sutilmente a abandonar el partido.
A los barones se les ha agotado la paciencia. Las continuas injerencias de Sánchez en las federaciones regionales (algo que, desde luego, no lo ha inventado él aunque no fuera una actitud esperada), la abierta discrepancia en las políticas de pactos con otras fuerzas y, sobre todo, los malos resultados cosechados por el PSOE cita electoral tras cita electoral han desembocado en esta guerra abierta que desde ayer viviremos como un espectáculo mientras el resto de partidos se frotan las manos.
No me malinterpreten, ya he dicho muchas veces que prefiero partidos donde la discrepancia exista y no donde nadie se mueve sin que el “jefe” lo permita. El verdadero problema del PSOE es lo inoportuno del momento en lo que a sus intereses se refiere. El PSOE estaba destinado a cambiar tarde o temprano, era algo que estaba posponiendo durante demasiado tiempo: virar por completo hacia la socialdemocracia o abandonar el centro e “izquierdizarse” (perdón por el palabro). Esto es lo que se está jugando en ese tablero en el que ayer se hizo el primer movimiento de ataque no disimulado buscando un jaque (sin olvidar los personalismos, claro). Un movimiento u otro dará espacio a uno de los partidos de nueva creación y reducirá el tradicional espacio político del PSOE. La decisión, desde luego, no es nada fácil.
No descarten que, de esto, salgan dos partidos.
P.S.1: Ahora escucharán mucho, señores lectores, una discusión abierta sobre quién está más legitimado. El sector crítico defenderá los estatutos y las instituciones previstas en él (e intentará evitar la votación directa de los militantes que es favorable a Sánchez). Los “sanchistas” defenderán la votación directa de los militantes (que digo yo que si sólo vale eso, no sé para qué hay órganos de decisión en el PSOE… votados por los militantes, por cierto). Si me permiten el consejo, intenten abstraerse de estos populismos baratos que esconden la cuestión de fondo. Ésta es mucho más compleja.
P.S.2: Para que queden claro los bandos (palabra de Sánchez):
  • A Pdro le apoyan Iceta y la federación catalana, Francina Amengol y la federación balear (única presidenta autonómica que le apoya), su núcleo duro (Luena, Hernando, Patxi López, Batet, Simancas), Luis Tudanca y gran parte de la federación de Castilla y León, Sara Hernández y buena parte de la federación madrileña (estaría bueno), González Tovar y la federación de Murcia, Pilar Cancela y el sector oficialista gallego impuesto por Ferraz hace apenas unos meses (estaría bueno también) e Idoia Mendía y la cúpula vasca (que llegó aupada por Sánchez).
  • El sector crítico (al que llamaré “susanista”) lo componen Susana Díaz y la federación andaluza (la más importante dentro del PSOE), Fernández Vara y la federación extremeña, García-Page y la federación castellano-manchega, Javier Fernández y la federación asturiana, Ximo Puig y la federación valenciana, Javier Lambán y la federación aragonesa, el presidente de las Juventudes Socialistas (Nino Torre), algunos históricos del PSOE (Felipe González, Rodríguez Ibarra, Alfonso Guerra, Rubalcaba) y otros miembros destacados como Micaela Navarro (presidenta del partido), Eduardo Madina, Carme Chacón, José María Barreda o Miguel Ángel Heredia (secretario general del grupo parlamentario en el Congreso).
Ahora pregunto: ¿Tú qué opinas? ¿Quién tiene razón? ¿Cómo acabará todo esto? Comentanoslo aquí o en nuestra página de Facebook. ¡Y no se te olvide compartir!

psoe-jardin-maximophoto credit: El Español

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