De las consultas de nuestros partidos

En los últimos tiempos, una demanda creciente se ha ido abriendo paso, sobre todo, entre el electorado más joven: la apertura de canales de participación directa en la toma de decisiones. Inmediatamente, se nos viene a la cabeza la figura del referéndum, ya existente en nuestro ordenamiento jurídico y de la que ya hablamos en este blog. No parece, por el momento, que vaya a haber muchos avances a nivel institucional. Sin embargo, sí se están produciendo en los partidos políticos. Las primarias se van abriendo paso pero, en los últimos meses se está intensificando la figura de la consulta, presente, entre otros, en PSOE, Podemos y, ahora, en IU.
Sin embargo, ¿es una consulta la herramienta ideal que todos dicen que es? Antes de intentar reflexionar acerca de este cuestión, me gustaría dejar claro que, en los tiempos que corren y ante los retos que se nos presentan como sociedad, creo firmemente que deberían abrirse más caminos de participación ciudadana, que ahora son muy limitados; pero también creo conveniente reflexionar sobre esta clase de consultas que están tan de moda, más parecidas a referéndums que a otra cosa.
Para ahondar en esta reflexión, plantearé algunas cuestiones.
¿Por qué un partido convoca una consulta? Seamos sinceros: no es solamente para preguntar la opinión de sus bases. Sin negar este componente, es evidente que cada consulta realizada persigue otros objetivos, algunos de los cuales podrían ser (sin ser excluyentes):
  1. Circunvalar a una parte de la organización que esté en contra del líder del partido. Hay que recordar que este tipo de consultas no suelen ser vinculantes pero, claro, ¿qué dirigente decide contrariar la voluntad de sus militantes? Un buen ejemplo fue la consulta del PSOE en la que Pedro Sánchez buscó un respaldo que el Consejo Federal del partido no le iba a conceder fácilmente. También parece ser el caso de IU, donde la facción de Alberto Garzón pretende dejar en fuera de juego a la encabezada por Cayo Lara y Gaspar Llamazares, quienes ya han hecho públicas sus reservas a formar coalición con Podemos de cara a las elecciones de junio.
  2. Reforzar el liderazgo. La consulta también se convoca a modo de cuestión de confianza. Si lo propuesto por el líder es rechazado por sus bases, éste queda enormemente debilitado y lo más probable es que deba abandonar la secretaría general/presidencia del partido. Por el contrario, si sus tesis son avaladas (lo que suele ocurrir), su figura queda reforzada. La consulta que hizo Podemos parece responder a esta cuestión, ya que habían empezado a escucharse voces (internas y externas) que criticaban la actitud y la estrategia mantenidas por Pablo Iglesias durante las negociaciones con el PSOE. Ni que decir tiene que la del PSOE también responde a este mismo criterio.
  3. Buscar cierta cohesión interna y eliminar o anular, temporalmente al menos, la disensión interna. En mi opinión, ésta fue la razón más poderosa que llevó a la cúpula de Podemos a convocar su consulta. Los partidos (y los politólogos) saben que los electores suelen castigar a los partidos que más abiertamente muestran sus diferencias internas. Este movimiento permite, al menos durante un tiempo, dar una imagen de unidad cuasi pétrea.
  4. Buscar publicidad, notoriedad y visibilidad. Es muy complicado que alguien se pueda mostrar abiertamente en contra de una consulta a las bases y, de hecho, aún sirve como elemento publicitario con tintes marcadamente positivos. ¿Por qué? Porque así se pueden comparar con aquellos partidos que no lo hacen. Lo extraordinario es noticiable mientras no sea lo habitual.
 Y es que son las cúpulas de los partidos las que controlan y diseñan las consultas. Si bien puede parecer un mecanismo muy democrático, la realidad es que también (ojo al matiz) sirve para reforzar el personalismo en dichas cúpulas y, por tanto, en la acumulación de poder por parte de esa cúpula. Este control permite a los líderes convocar consultas que saben (casi) a ciencia cierta que van a ganar. ¿Por qué? Por varias razones:
  1. El líder (por personificarlo en la cabeza visible) diseña la pregunta y la moldea de tal manera que parece una pregunta sencilla de responder. Pongamos un ejemplo. Podemos, en su consulta, incluyo una doble pregunta. La primera ya habla de un pacto “Rivera-Sánchez”, no Ciudadanos-PSOE. Este detalle, que puede pasar desapercibido, no es inocente. Se pretende fomentar la sensación de que los millones de votantes de dichos partidos están al margen de dicho acuerdo. En la segunda, Podemos pregunta por si el militante apoya el gobierno propuesto por Podemos. Para un votante medio de Podemos, la respuesta a ambas preguntas parece sencilla (sólo observen los resultados). El problema radica en que los matices quedan fuera. Un “sí” o un “no” tajantes dejan fuera muchos matices que pueden resultar interesantes. Por ejemplo, no se preguntó (conscientemente) sobre una posible abstención que condicionasen a conseguir ciertas medidas de su programa (por poner un ejemplo entre mil).
  2. Más allá de las preguntas, falta información (de forma consciente) sobre todo lo demás. Por seguir con el ejemplo de Podemos, se preguntó a la militancia sobre un acuerdo inexistente (el de PSOE-Podemos-Compromís-IU). Pero, además, se suelen ocultar los escenarios alternativos en caso de no salir la consulta como se espera (“asumiré mis responsabilidades”… ¿eso qué significa?), se ignora el hecho de que una votación de estas características puede abrir un nuevo cisma, la información que se extrae es tremendamente limitada, nunca se plantean todas las opciones existentes y, por todo esto, la respuesta siempre queda sujeta a interpretación (más cuanto más equívoca es la pregunta, claro).
  3. El militante suele votar desinformado (como el ciudadano medio vota desinformado en un referéndum). Para saber en qué sentido votar, los militantes/ciudadanos buscamos atajos informativos. ¿El principal de ellos? La postura del líder, sobre todo si está en un momento álgido de popularidad. No es inocente que el líder salga en los medios a decir qué va a votar. Lo que realmente espera es que la militancia le siga. ¿Resultado? Casi siempre hay victorias con amplios márgenes para la dirección.
Así pues vuelvo a la pregunta del principio. ¿Es una consulta la herramienta ideal que todo el mundo dice que es? Preguntar y votar es mejor que no hacerlo pero la cuestión es que una consulta, tal y como la plantean nuestros partidos, no es una inocente e imparcial pregunta en busca de respuesta, sino que es un arma política que permite legitimar de forma interesada las decisiones que, en un sentido u otro, toma la dirección de un grupo político y que es usada de forma estratégica. No hay respuestas sencillas a problemas complejos, como se nos quiere hacer creer. Los matices importan. Y este tipo de consulta no deja espacio para ellos. ¿Consultas y referéndums? Sí, por supuesto, pero serios, por favor. Con preguntas serias y no manipuladas a ser posible. Con todas las opciones encima de la mesa y toda la información realmente disponible. Si no, nos estamos haciendo trampas al solitario.
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consultasphoto credit: Huffington Post

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2 Respuestas a “De las consultas de nuestros partidos

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