Un gobierno parlamentario

Hace unos días, ante la perspectiva de una reunión entre los equipos negociadores de PSOE, Podemos y Ciudadanos que se celebrará finalmente el jueves 7 de abril, Pedro Sánchez se descolgó con una declaraciones en las que hacía público su objetivo para esta reunión a tres bandas: partir del documento conjunto PSOE-Ciudadanos (aquí en PDF) para señalar qué medidas de las allí propuestas puede compartir Podemos, cuáles se pueden modificar para que sean aceptadas por las tres formaciones y cuáles quedarían fuera de tal acuerdo. Es lo que llamó la “vía 199”, la suma de los diputados socialistas, morados (incluidas confluencias y Compromís) y naranjas, en respuesta a la “vía 161” propuesta por Pablo Iglesias (PSOE, Podemos y confluencias e IU-UP).

Llevar a cabo las medidas compartidas y las negociadas, si las hubiere, sería relativamente sencillo. La suma de las tres fuerzas tendría mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Tampoco hay que olvidar que la gran mayoría de medidas se verían ralentizadas en un Senado cuya mayoría absoluta ostenta el PP, pero no anuladas ya que la última decisión la suele tener el Congreso. Quedarían fuera aquéllas medidas que afectaran a las Comunidades Autónomas de forma directa (medidas que parecen muy lejos de poder ser objeto de consenso entre los tres partidos) y las reformas constitucionales (esto ya se sabía desde el 21D). Si fraguara, lo que es extraordinariamente difícil, no sería un problema por tanto sacar adelante un buen número de reformas.

¿Qué pasaría con aquello en lo que no pudieran/quisieran ponerse de acuerdo? Sánchez propuso un “gobierno parlamentario”, es decir, que sea el Parlamento (el Congreso, principalmente) el que decidiese qué hacer cuando nada se estableciese en el hipotético pacto de gobierno a tres.

En abstracto parece una buena idea. Al fin y al cabo, se estaría poniendo en manos de los representantes de la soberanía nacional la dirección de las políticas a ejecutar. No hay que olvidar que la teoría política dice que, excepto en casos tasados, es el Parlamento quien decide y el Gobierno el que ejecuta lo allí decidido. La famosa separación de poderes. No estamos acostumbrados a verla porque quien está en el gobierno suele tener el control del grupo parlamentario mayoritario, bien con mayoría absoluta, bien con mayorías más que amplias pero un sistema parlamentario con división de poderes funciona así teóricamente.

Sin embargo, esta opción no está exenta de problemas. Por la misma fragmentación antes mencionada, las decisiones tomadas por el Congreso están sujetas a un claro riesgo de fragilidad, especialmente sensibles en decisiones que afectan al medio y al largo plazo (sí, no todas las decisiones dependen de las próximas elecciones) ya que el cambio en el equilibrio de fuerzas parlamentarias puede llevar al traste las mismas en un tiempo récord (sin olvidar las dificultades añadidas que partidos nacionalistas, soberanistas e independentistas ponen en juego en las negociaciones). Entre estas políticas de relevancia, en este caso, estarían las económicas, donde parece imposible que los tres partidos se pongan de acuerdo en este campo.

Otro problema sería la inestabilidad del gobierno. Imaginemos un ejecutivo formado por ministros de PSOE, Podemos y Ciudadanos. Imaginemos ahora que el Congreso, por la reunión de fuerzas conservadoras de varios ámbitos, consigue sacar adelante una ley o propuesta. Pudiera ser que Ciudadanos estuviera de acuerdo con ella, pero ¿y Podemos y el PSOE? Se verían obligados a ejecutar lo que el Parlamento ha decidido. ¿Posibles consecuencias? Dimisiones de ministros, tensión interna en el Gobierno, enfrentamiento entre el Congreso y el Gobierno, cuestiones de confianza, mociones de censura o, por qué no, disolución de las cámaras y nuevas elecciones. Esa posibilidad siempre rondaría en un “gobierno parlamentario” en el que no hay una mayoría clara y la cámara principal, el Congreso, estuviese tan fragmentada..

Ni siquiera sería mi opción preferida, pero si tuviésemos unos parlamentarios con cierto sentido de la responsabilidad, menos atentos a ver si hay elecciones anticipadas o no o al calendario electoral, pudiera ser una salida en el corto y medio plazo a nuestra situación actual.

¿Te gusta esta opción planteada por Sánchez? ¿La ves factible o imposible? Deja aquí tus comentarios o en nuestra página de Facebook. ¡Y no te olvides de compartir!

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photo credit: EuropaPress

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