Reflexionando sobre el debate de investidura

Pido disculpas anticipadas al lector pues esto que he escrito se aleja un poco de la tónica habitual del blog, estando más cerca de la opinión y de la reflexión que de las verdades objetivas. Sin embargo, considero necesario exponer un análisis que se diferencie de lo que se ha podido leer en los medios de comunicación, argumentándolo por supuesto, e invitando a todos aquellos que nos leen a que participen del debate si lo consideran oportuno.

La gente, permítaseme la generalización (injusta a todas luces), encabezados por tertulianos y columnistas en los distintos medios de comunicación, están excitados cuales hooligans a los que sólo les falta vestir la bufanda al cuello con los colores de los suyos tras el debate de investidura del pasado miércoles. Darse un pequeño paseo por Facebook y Twitter debería bastar para ver hasta qué punto sólo se comentan las frases más altisonantes, ésas que hacen sentirse dolidos a unos y orgullosos a otros. Parece necesario posicionarse, defender a unos, atacar a otros. Voy a posicionarme entonces.
A mí me pareció un debate nefasto, de un nivel político bajísimo, con muy poco de propositivo y mucho de pelea de gallos, de ver quién tiene el ego (por no decir otra cosa) más grande, como un partido de fútbol con sus aplausos, sus jaleos, sus abucheos y sus carcajadas. Como si la vida de casi 47 millones de personas no fueran un tema lo suficientemente serio como para buscar soluciones y no problemas, puntos en común y no reproches y enfrentamientos.
Venía un tiempo de cambio, decían, pero yo vi más de lo mismo. Bueno, no. Antes el espectáculo lo daban dos. Ahora, cuatro. Pero en vez de hablar del futuro, parece que se va a seguir hablando de Pablo Iglesias (el fundador del PSOE), de Indalecio Prieto, de Churchill y Adolfo Suárez, del Pacto de los Toros de Guisando (siglo XV nada menos), de la Guerra Civil, de ministros franquistas y Millán Astray, de los GAL y la cal viva, de Zapatero y su herencia… Nada nuevo, vaya. Nada sobre cómo mejorar la vida de la ciudadanía, sobre cómo solucionar los problemas de la gente, a pesar de que todos anuncian que serán el gobierno “de la gente” o similares. ¿Dónde estuvo todo eso en el debate? ¿Dónde las ideas para resolverlos? Los que votaron “no” al programa propuesto, ¿lo hicieron por diferencias programáticas o por razones partidistas/electoralistas? No me confundan. Un partido debe votar “no” si cree que esas medidas no son idóneas. El problema radica en que numerosas propuestas presentadas por el candidato Sánchez aparecían en varios programas del 20D y mientras, sin querer ponerse de acuerdo, todos se llenan la boca con “el bien común”.
El PP se empeña en una coalición con el PSOE. Podría asumir buena parte del programa firmado con Ciudadanos, de hecho. Pero jamás lo firmará si no lo lideran ellos, ellos y ellos. Luego Rajoy sale al estrado y dice, muy altanero él, que su partido dialoga con todo el mundo y que huye del sectarimo. El mismo partido que ha pasado el rodillo durante 4 años sin molestarse en negociar nada. El mismo que ataca al PSOE durante 30 minutos para luego ofrecerle un pacto. El mismo que dice querer pactar las reformas “que necesita España” y que, por lo visto, no pudo hacer con una mayoría absoluta. Hablan de una reforma educativa. Se ve que la LOMCE ya no les vale. Curioso. Pero bueno, lo importante es que Rajoy debe ser presidente. El resto se puede negociar.
Podemos era la nueva política. El gobierno del cambio, de la gente, que quiere un futuro mejor para este país. Por eso, para argumentar su “no” acuden al lenguaje guerracivilista típico del bipartidismo, esa vieja política a la que venían a sustituir, enterrando a un ex-presidente del gobierno en “cal viva”, algo que ni los jueces lograron demostrar. Ellos deben de saber más cosas. Se les ha debido olvidar que el Congreso no es un plató de La Sexta y que para decir eso, siendo representante público, en la sede de la tan alabada soberanía nacional, más vale que tengas pruebas. Por supuesto, éste es un paso previo necesario para poder negociar el gobierno del cambio con el PSOE: atacarles sin complejos. Porque “elecciones anticipadas es la peor situación posible” (Errejón dixit), por eso usamos un tono cordial, conciliador, que facilite acercar posturas. Más que en un debate de investidura, Podemos parece estar ya en campaña electoral (algo que ya adelantamos). ¿El día después? Que no pasa nada, cosas del debate. Perfecto. ¿Y sobre las medidas del pacto firmado entre PSOE y C’s que aparecían en su programa electoral? No pueden ser. Algunas (varias) las llevaremos a cabo en el gobierno, pero con C’s no queremos. Somos el partido del cambio.
No es que Sánchez y Rivera fueran ajenos a este espectáculo. El argumento principal de Sánchez para convencer a Podemos de que le dejase gobernar era que, si no, iban a votar lo mismo que Rajoy. Un argumento de peso, vaya. El mismo, pero al contrario, que usó Rivera con el PP. Sin embargo, ellos, en un movimiento que no dudo que tenga un punto de táctico, se presentaron con un programa pactado y negociado. Se puede estar de acuerdo con el contenido o no, medidas con las que sí y otras con las que no. Hasta ahí perfecto. La cuestión es que no se debatió sobre el contenido, sino que fue una pelea de cuernos, de machos alfa. Pero, repito, ellos al menos tenían un acuerdo. ¿Qué tenían los demás? Por lo que dicen, la seguridad absoluta de saber qué es bueno para los españoles y qué no lo es.
Si en vez de Patxi López hubiera presidido la sesión Ana Pastor o Manuel Campo Vidal, no hubiera cambiado mucho la cosa: un espectáculo televisivo y televisado que bien podría haber pensado Paolo Vasile y haber presentado Jorge Javier Vázquez (hasta besos hubo). Menos mal que todo es por el bien de los españoles.
Y ahí nos tienen. Los ciudadanos levantando la voz, discutiendo, insultándonos mientras nuestros problemas siguen siendo los mismos y las soluciones ninguna. Ahora bien, ¿nuestros políticos se comportan como hooligans porque así les damos más votos? ¿O les damos más votos porque se comportan como hooligans? ¿Les imitamos nosotros a ellos o ellos a nosotros? ¿Qué fue antes: el huevo o la gallina?
Yo tengo una opinión clara: no exigimos lo que debiéramos. Nos gusta la política-fútbol. Castigamos al propositivo, al que no levanta la voz, al que quiere trabajar.
¿Vosotr@s qué opináis? Recordad que podéis comentar aquí mismo o en nuestra página de Facebook. El debate es bueno si se hace con argumentos y educación.

investidura

photo credit: Europa Press

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Una respuesta a “Reflexionando sobre el debate de investidura

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