Necesidad (o no) de pactos: Reino Unido y Alemania

Tras los resultados de los comicios celebrados en España el 20-D, los resultados arrojados han puesto en escena una situación poco conocida en España y que, sin embargo, no deja de ser más o menos habitual en otros sistemas parlamentarios. La necesidad (o no) de pactos depende en gran medida del sistema electoral elegido para conformar las cámaras parlamentarias, de si éste tiende más a favorecer la gobernabilidad o la proporcionalidad. Podríamos decir que el nuestro tiende al punto medio, si bien es cierto que tiende a perjudicar a terceras y cuartas fuerzas políticas. Es decir, a un sistema proporcional (encarnado por la tan injustamente denostada fórmula d’Hondt) se le introdujeron ciertos correctores, principalmente la circunscripción territorial, que ayudaran a la gobernabilidad ya que en circunscripciones pequeñas o medianas (la inmensa mayoría en España) el número de escaños a repartir es tan pequeño que sólo las fuerzas mayoritarias suelen tener un acceso asegurado (a veces exclusivo) a él. Esto hizo que, de facto, nuestro sistema de partidos tendiese a la bipolaridad (UCD-PSOE primero, PP-PSOE después), excepto en aquellas provincias donde los partidos nacionalistas podían competir con ellos en igualdad de condiciones. No es que estén sobrerrepresentados (al menos, no directamente) sino que existen otras fuerzas infrarrepresentadas. IU ha sido nuestro ejemplo histórico, partido al que se han sumado Podemos y Ciudadanos como otras fuerzas nacionales que acceden a un menor número de escaños respecto al porcentaje de voto logrado. Sin duda, en España se tendió a este sistema como medio de evitar que la derecha española, tras la muerte de Franco, quedase infrarrepresentada en el Parlamento y lejos de los órganos de decisión. Y es que cada país, como podremos ver, es “víctima” de su propia historia.
Nuestro sistema electoral, junto con nuestro sistema de partidos, facilita claramente la formación de mayorías simples potentes lo que, sumado a un voto de castigo al segundo partido, hace bastante asequible la obtención de una mayoría absoluta. En nuestra democracia, y obviando los últimos resultados, hemos tenido cuatro mayorías absolutas (dos de Felipe González, una de José María Aznar y la última de Mariano Rajoy) y seis mayorías simples (una de Adolfo Suárez, dos de Felipe González, una de José María Aznar y las dos de José Luis Rodríguez Zapatero) que, sin embargo, apenas han necesitado del apoyo de alguna fuerza extragubernamental, generalmente nacionalista. Este pacto era sencillo por la gran mayoría que tenía el partido en el poder: podía mantener un gobierno monocolor a cambio de algunas concesiones. Ésta ha sido la razón por la cual no estamos muy habituados a otro tipo de pactos en el gobierno de España como pueden ser el de investidura, el de coalición o el de gobierno. Hemos necesitado que aparecieran dos fuerzas nuevas con la suficiente fuerza como para convertirse en importantes, aun cuando se ven perjudicadas por el sistema electoral.
Pero, ¿qué ocurre en otros países? Me ha parecido conveniente traer dos ejemplos completamente opuestos: Reino Unido y Alemania, países que, en general, por unos motivos u otros, se ven como referentes democráticos.
Reino Unido. El sistema electoral británico favorece abiertamente la gobernabilidad ya que usa el sistema del distrito (o circunscripción) unitario mayoritario; es decir, en vez de 52 “mini-elecciones” con un número variable de escaños, allí hay 650 “mini-elecciones” con un escaño en juego, que se lo lleva el partido que obtiene más votos, por supuesto, sin necesidad de mayoría absoluta (con un voto más es suficiente). Esto favorece enormemente a los partidos mayoritarios (mucho más que en España) y perjudica muchísimo más a los minoritarios. Algunos datos:
  • Desde 1922, 19 de las 24 elecciones celebradas en Reino Unido se han resuelto con mayorías absolutas.
  • Desde 1979, primeras elecciones ganadas por Margaret Thatcher, 8 de las 9 elecciones celebradas se han ganado con mayorías absolutas.
  • El Partido Conservador de David Cameron, ganador de las últimas elecciones, obtuvo 331 escaños de los 650 de la Cámara de los Comunes (mayoría absoluta en 326) con más de 11 millones de votos. Los Laboristas de Ed Milliban obtuvo más de 9 millones de votos, y 232 asientos. Nigel Farage, candidato del eurófobo UKIP, obtuvo casi 4 millones de votos y eso sólo se tradujo en un escaño.
Os mostramos una tabla en la que se ve las diferencias entre el sistema actual británico y un sistema proporcional puro.
Elaboración propia. Haz clic en la imagen para aumentarla.

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La realidad es que el porcentaje de voto en Reino Unido es completamente irrelevante. Los Conservadores ganaron 331 de las 650 “mini-elecciones” de las que hablábamos. La UKIP, por su parte, sólo consiguió vencer en un distrito.
Alemania. Tras la II Guerra Mundial, Alemania fue dividida en dos partes y así seguiría hasta la caída del Muro de Berlín en 1989 y la reunificación un año después. La República Federal aprobó la Constitución de Bonn en 1949, válida para su territorio y para la llamada “trizona” de Berlín (es decir, aquélla no controlada por la Unión Soviética). Como miembro del bloque occidental, la RFA se constituyó como un estado democrático pero tras haber iniciado dos guerras mundiales y, sobre todo, los acontecimientos acaecidos durante la República de Weimar (periodo de entreguerras), los países occidentales quisieron evitar dos cosas: que el nuevo sistema electoral facilitase la enorme fragmentación del Parlamento dada antes de la guerra, que forzaban elecciones continuamente ante la ingobernabilidad (5 elecciones entre 1928 y 1933), cosa que aprovechó Hitler para construir una amplísima mayoría utilizando recursos públicos; y que dicho sistema hiciera asequible obtener mayorías absolutas. Por eso, el sistema electoral alemán favorece enormemente la proporcionalidad haciendo tremendamente difícil obtener una mayoría absoluta. ¿Cómo lo hace?
Se basa en dos grandes diferencias. La primera es que el número de diputados no es fijo y sólo se establece un mínimo de 622 diputados. La segunda es que el sistema electoral alemán concede a cada ciudadano dos votos:
  • El primero de esos votos es para elegir al representante de su distrito uninominal, al estilo británico. Aquél candidato que consiga la mayoría de votos, obtendrá un mandato directo para entrar en el Bundestag.
  • El segundo corresponde a una lista cerrada propuesta por los partidos, al estilo español, pero siendo la circunscripción cada länder o estado federal (un total de 16).
Sin entrar más a fondo, pues el sistema electoral alemán es bastante complejo y requeriría una entrada propia, la realidad es que desde la proclamación de la Constitución de Bonn se han producido 18 elecciones federales al Bundestag y tan solo en una, las segundas de 1953, Konrad Adenauer consiguió una mayoría absoluta. En 17 se han dado mayorías simples, generalmente muy fuertes, que han requerido una coalición. Hasta en tres ocasiones los dos principales partidos, el conservador CDU/CSU y el Partido Socialdemócrata, han gobernado juntos: siendo presidentes Kiesinger (que entró al gobierno tras sustituir a Adenauer, entre 1967 y 1969) y Angela Merkel (en su primera legislatura, 2005-2009, y en su tercera y actual, desde 2013). Otros dos partidos, los liberales y los verdes, han servido habitualmente de muletas para ambos en el resto de legislaturas.
Llama mucho la atención, por ejemplo, que con porcentajes de votos altísimos que aquí se han reflejado en amplias mayorías absolutas, en Alemania se han quedado cerca pero siempre por debajo.
Elaboración propia. Haz clic para ampliar la imagen.

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Mientras en España ha bastado con superar el 44% de voto recibido para llegar a la mayoría absoluta, en Alemania ni siquiera porcentajes cercanos al 49% han permitido al partido receptor alcanzarla. Parece claro que es ésta la razón que ha obligado a los dos grandes partidos que se han alternado en el poder en Alemania a buscar pactos constantes, bien con otras fuerzas minoritarias, bien con la otra fuerza hegemónica mientras que, en España, no ha sido necesario.
Con la llegada de Ciudadanos y Podemos, el Parlamento ha quedado mucho más fragmentado y, si bien hay que remarcar que nuestra situación de bipartidismo hegemónico se ha roto y, por tanto, nuestra situación es muy diferente respecto a los sistemas británico y alemán, el pacto se hace en cualquier caso necesario. ¿Serán capaces de llegar a un acuerdo? Déjanos tu comentario aquí o en nuestra página de Facebook. Y si te parece interesante, curioso, útil o todo a la vez, ¡compártenos, por favor!

Cameron Merkelphoto credit: The Spectator blog

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