Debate del 7D

Ya ha pasado un día después del debate a cuatro entre Soraya Sáenz de Santamaría (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Ciudadanos) y Pablo Iglesias (Podemos). Os dejo aquí mi opinión resumida sobre los participantes:
  • Pablo Iglesias (Podemos). Para mí, fue el ganador de la noche. Su argumentación fue firme, supo apelar a los sentimientos, “repartió” cuando tocó y propuso medidas también en su momento. Cometió algunos errores (lo de que Andalucía votó su independencia en 1977…) pero, en líneas generales, fue el que mayor control tuvo sobre el debate. Su último minuto fue muy bueno e inspirador (quizás le sobró ese último momento muy peliculero, con el puño en el pecho, más digno de Hollywood), palo y zanahoria. Su gran punto a favor fue, en mi opinión, asumir que su partido tiene puntos en común con la otra fuerza emergente con la que está dispuesta a llegar a pactos. Se le vio muy natural y ágil a la hora de argumentar y proponer. Ayer se demostró que Podemos tiene mucho más líder que el PSOE.
  • Albert Rivera (Ciudadanos). Había sido el dominador en los debates de “Salvados” y “El País” y, ésta vez, le vi un poco más difuso. Tiene una (posible) explicación: Rivera pretende colocar a su partido en el centro del tablero político y, para eso, tiene que enfrentarse a todos los demás partidos. Muchos frentes y poco tiempo. Agradecí que se centrara, sobre todo, en hacer propuestas y se le vio con una cierta complicidad con Pablo Iglesias en los temas referentes a corrupción y regeneración política. Fue de menos a más, aunque no llegó al nivel esperado. Le vino bien la ayuda de Iglesias y Sáenz de Santamaría para ningunear a Sánchez. Al igual que Iglesias, se le ve mucho más fresco a la hora de argumentar y proponer, aunque ayer, tal vez, quiso decir demasiadas cosas y dio la sensación de atropellado.
  • Soraya Sáenz de Santamaría (PP). Seamos serios: le tocó llevar a cabo una tarea cuya responsabilidad no era suya. Se fajó bastante bien en general y entendió que la “presa débil” en este debate era Sánchez, por lo que centró sus ataques en él. Se vio acorralada, como no podía ser de otra manera, cuando tocó hablar de la corrupción, máxime cuando la ausencia de Rajoy fue aprovechada por Iglesias y Rivera para achacarle la corrupción misma. Ahí cometió Sáenz de Santamaría su mayor error: entrar al trapo de Pablo Iglesias. Comparar el caso Monedero con todo lo que el PP tiene detrás (Bárcenas, Gurtel, Púnica…) me resultó hasta obsceno. He visto intervenciones de la vicepresidenta en el Congreso y en el Senado mucho más duras y firmes que la de ayer, un cambio que no entendí muy bien y que me sorprendió.
  • Pedro Sánchez (PSOE). En mi opinión, el gran perdedor de la noche. Su objetivo era (o debía ser) frenar la sangría de votos tanto hacia Podemos como hacia Ciudadanos y fracasó. Intentó no entrar en la lucha cuerpo a cuerpo, fruto supongo de querer ponerse a la altura de la nueva política, pero la realidad es que él mismo se vio aislado del debate en numerosas ocasiones. Fue una presa continua de Pablo Iglesias, al que se le unieron en otras ocasiones los otros dos debatientes. No se puede decir que cometiera errores, pero Pedro Sánchez no suena natural (al menos a mí, empezando por su risa). Parecía llevar los discursos aprendidos (también en debates anteriores), cambió al argumentario cuando no le interesó una pregunta o una interpelación y le vi poco concreto (el día que sepa con detalle qué tipo de estado federal quiere…).
No quiero dejar pasar la oportunidad para poner de relieve la ausencia del presidente del gobierno y, más importante para el caso que nos ocupa, candidato a la reelección por parte del PP: Mariano Rajoy. Entiendo la postura del partido: si llega a ir, ayer se lo comen (al menos, Iglesias y Rivera). Además, con el cambio, el PP mostraba una edad más acorde a las del resto. Pero al no ir, ha dado más argumentos y razones a sus rivales. Sin olvidar que es inadmisible su alergia a dar la cara en el Parlamento, ante la prensa o en los debates, no así con Bertín Osborne a quien confesó no haber explicado suficientemente sus políticas, pero cuya táctica parece no querer modificar.
También reconozco que me faltó Alberto Garzón (IU-UP), un brillante orador, didáctico y propositivo, con el que se puede no estar de acuerdo pero que sí encara los debates con argumentos.
Si algo me quedó claro, es que los partidos emergentes han venido para quedarse y que, aunque es verdad que les falta experiencia de gobierno (en eso doy la razón a Sáenz de Santamaría: una cosa es hablar; otra muy distinta, gobernar), hacen las cosas de manera diferente: la mayoría de propuestas y soluciones novedosas provinieron de Iglesias y Rivera (otra cosa es que se esté de acuerdo o no). La política española necesitaba esto.
Y, por cierto, en este país tan proclive al autoflagelamiento, hoy deberíamos felicitarnos porque las alternativas políticas no se parecen al Frente Nacional francés, al UKIP británico o el Amanecer Dorado griego.
Y tú, ¿qué opinas del debate? ¿Quién ganó y perdió? Déjanos tu opinión en los comentarios o en nuestra página de Facebook.

7Dphoto credit: Europa Press

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