La financiación del Daesh

Se ha puesto la lupa en el debate sobre qué tipo de intervención debería hacerse contra el Daesh. Francia ha declarado estar en guerra y, durante estos días, Hollande, un presidente en el que pocos franceses confiaban y cuya aprobación ha crecido notablemente con su reacción tras los atentados de París, tanto en enero con los de Charlie Hebdo como recientemente, ha iniciado una serie de entrevistas intentando crear una única coalición internacional que coordine sus ataques en Siria e Irak y que incluya a Estados Unidos y a Rusia. Sin embargo, aquí en España el debate se centra en cómo ayudar a Francia. Tres han sido las propuestas más escuchadas y debatidas: incorporar ayuda activa en la acción militar en Siria e Irak; relevar militarmente a Francia en otros puntos donde tiene presencia para que ésta pueda centrar sus esfuerzos en Siria e Irak; y rechazar cualquier tipo de intervención militar. Como alternativa a esta última opción, Podemos propuso atacar la financiación de Daesh.

Después de mucho leer y pensar, he de decir que estamos de acuerdo en que debilitar la financiación de Daesh es condición necesaria para acabar con esa amenaza, pero nos tememos que no suficiente. Exactamente lo mismo pensamos de la intervención militar. Como ya dijimos, este problema es tremendamente complejo, multidimensional, y actuar sobre una sola de esas dimensiones se nos antoja ineficaz porque, por poner un ejemplo un tanto crudo, que Daesh venda barriles de petróleo en el mercado negro no es razón suficiente para entender por qué un joven francés decide ponerse un chaleco de bombas, accionarlo y destruir su propia vida junto con la de 130 compatriotas que asisten a un concierto o a un restaurante a cenar. Hay que buscar una actuación integral, compleja y completa, con medidas a corto, medio y largo plazo (no como lo que se hizo en Libia donde sólo se pensó en el corto plazo).

Ahora bien, enfoquemos esta entrada en la financiación de Daesh. Para poder atacar su financiación, primero debemos conocerla. Todos los datos que hemos podido recabar nos indican que no es fácilmente controlable. Vamos a revisar algunas de ellas.

  • Las conquistas. Daesh ha conseguido controlar parte de los territorios sirio e iraquí y aún hoy sigue luchando en sus fronteras para ampliarlo. De hecho, sus mayores objetivos son ciudades importantes. ¿Por qué? Para poder tener acceso a los depósitos de sus bancos. Buena parte de sus fondos han provenido de esas conquistas.
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En rojo, zonas controladas por Daesh/ISIS en Siria e Irak. Haz clic en la imagen para ampliarla.

  • Venta del petróleo. En ese territorio que controlan, se sitúan varias refinerías que permiten al Daesh extraer y vender barriles de petróleo que, a día de hoy, sabemos que venden en el mercado negro, principalmente a través de Turquía aunque no solamente. Este petróleo les permite una financiación continua.
  • Actividades ilícitas. Entre éstas, se sitúan el tráfico de drogas y personas (como hacen las mafias del Magreb con los inmigrantes que llegan a todas las costas del Mediterráneo europeo), los secuestros (y sus consiguientes rescates), la extorsión (lo que aquí conocimos como el impuesto revolucionario, una cantidad a cambio de “protección” o, más bien, que evite posibles daños futuros) o, según he leído, el tráfico de órganos. Mucho tiene que ver con esto la cuestión de los refugiados tan actual.
  • Donaciones. Aunque era algo sabido para quienes seguían el tema, las declaraciones de Vladimir Putin puso de relieve que Daesh está financiada a través de generosas donaciones, muchas de ellas parapetadas a través de supuestas organizaciones benéficas islámicas que sirven de pantalla (lo que dificulta enormemente su seguimiento) en países de la zona (Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos principalmente), y a través de varios estados pertenecientes al G-20, principalmente a través de las remesas que se envían desde Europa y Estados Unidos y a través de donaciones individuales..
  • Impuestos-extorsión. Como ya dijimos antes, la extorsión es sufrida sobre todo por la población que se encuentra en el territorio bajo dominio del Daesh. Los trabajadores locales deben entregar el 50% de su salario a dicha organización terrosrista. Es una teoría bastante manejada que una de las razones de los ataques a Europa es para frenar el flujo de refugiados que están abandonando sus territorios y a los que no puede extorsionar porque han puesto rumbo hacia allí, lo que no les impide, como decíamos antes, aprovechar para traficar con los propios refugiados.
  • Venta de antigüedades. Durante mucho tiempo, Daesh destruía el patrimonio, pero ya parece que ha descubierto que vender dicho patrimonio es mucho más rentable. Por supuesto, lo hacen en el mercado negro y le proporciona cuantiosas sumas porque ¿quién no quiere tener un trozo de los restos de Palmira que ya jamás volveremos a ver?

Daesh necesita una financiación grande para mantener a su ejército, a sus células, sus armas y su logística y, sobre todo, su promoción mediática. Atacar su financiación implicaría debilitar todo ello pero, como dijimos un poco más arriba, la cuestión no se puede resolver únicamente con esto. Las soluciones simples a problemas complejos no suelen ser buenas ideas.

Seguiremos publicando entradas en las que explicaremos otras dimensiones del problema, así como de propuestas planteadas para su posible solución.

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photo credit: National Post

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