De refugiados y la UE

Ésta no es una entrada tradicional. Aquí incluyo mucha más opinión de lo que solemos hacer pero hemos considerado que era necesario y, aún así, no dejaremos de lado la política que es hecha por seres humanos para seres humanos.
Ayer fue el día en que el mundo quedó paralizado por esa foto que representa lo peor de nuestro mundo, ese niño inocente que no tendrá el futuro que todo niño tiene derecho a tener por una guerra y por la pasividad que el resto demostramos ante su necesidad. Como ese niño, en el mismo naufragio, murieron cuatro más (además de adultos, claro). No voy a añadir nada sobre esta foto y ese niño que alguien con un mínimo sentido de la empatía haya pensado y sentido ya, así que voy a enfocarme en el problema desde un punto de vista político, sin que ello signifique que abandone el prisma humano porque mi concepto de la política, precisamente, es ése: intentar resolver los problemas de la comunidad, o sea, de la gente, de las personas.
A menudo, los problemas políticos pueden compararse con los problemas de salud. Una cosa son los síntomas, eso que nos está diciendo que algo va mal, y otra la enfermedad en sí, el origen del mal. Es sólo mi punto de vista, pero para la situación que actualmente viven los refugiados sirios sólo hay dos soluciones, no excluyentes entre sí; es decir, necesitamos dar respuesta a las dos de una u otra manera, a los síntomas y a la dolencia.
La primera es dar una solución a los refugiados sirios dentro de la Unión Europea. En mi humilde opinión, nos deberíamos sentir honrados de que todos los refugiados de la guerra Siria nos hayan elegido por lo que eso significa: que Europa les da esperanza. Podían haber ido hacia el este (Pakistán, India o China), hacia el sur (Arabia Saudí o Egipto) o hacia el norte  (Turquía o Rusia) pero no, viajan hacia el oeste, hacia la UE, el único refugio en el que creen posible empezar de nuevo y tener una vida en paz y digna. Es cierto que las respuestas de nuestras instituciones nacionales y comunitarias (descontando algunas notables excepciones) no han reaccionado ni rápido ni bien, pero estamos ante una gran oportunidad para hacer de Europa ese lugar que sea referencia en el mundo no sólo por su economía y sus políticas, sino por su humanidad y por su solidaridad. Nos da la oportunidad de acabar con las buenas palabras y pasar a los hechos.
No nos engañemos, en Europa hemos sido tradicionalmente reacios a afrontar este tipo de problemas, bien sea por desidia o miedo. En muchas ocasiones, España, Italia y Grecia, abiertos al Mediterráneo y al norte africano, se han visto solas reclamando que la inmigración no debería ser más una cuestión nacional sino comunitaria. Ya no hay excusas. La Unión debe afrontar esta situación y regatear unos pocos miles de refugiados para ti y unos cuantos miles menos para mí no es una solución (no voy ni a mencionar la actuación del presidente húngaro). Es la hora de demostrar que somos la Unión de los Derechos Humanos y de la solidaridad, no sólo a través de los ciudadanos, sino a través de nuestras instituciones también.
Pero el movimiento masivo de refugiados sirios es sólo el síntoma del verdadero problema. Esta cantidad ingente de personas han tenido que abandonar sus hogares porque allí se libra una guerra a tres bandas (el régimen de al-Asad, los rebeldes y el DAESH) en la que ya no saben ni cuál es su bando, donde no se pueden sentir seguros, pensar en un futuro para sus hijos e hijas y donde el miedo y las bombas han borrado el rastro de todo lo demás. Cierto es que en Europa somos reacios a intervenir en zonas de conflicto (no sin razones), pero me pregunto si no es hora de poner en marcha políticas exteriores unificadas que pongan presión internacional en la zona de conflicto y en los países de alrededor que consiga parar aquella barbarie.
Los refugiados de una guerra tienen derecho a la vida y, además, esa vida debe ser digna. Como las nuestras. Es hora de demostrarle al mundo que Europa no es sólo el Viejo Continente, el euro o los Erasmus. No hace tanto hubo varias guerras en Europa que hizo que muchos millones de personas tuvieran que abandonar sus hogares para buscar un futuro en otra parte. Es hora de actuar como nos gustaría que nos trataran a nosotros si nos viésemos en tan espeluznante situación. Sabemos que Europa no está atravesando una situación excepcional, pero eso es la solidaridad: compartir lo que se tiene. Es hacer un esfuerzo por la gente que está peor que tú y que se ha jugado la vida, literalmente (muchos la han perdido, incluido ese niño de la playa), para pedirte ayuda.
Dice el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, que abrir las fronteras es irresponsable debido al “efecto llamada”. Muy al contrario, ser solidarios con los sirios es una cuestión de responsabilidad. No es ninguna llamada, vienen empujados por una guerra. Si lo hacemos bien, podemos atender sus necesidades y hacerlo de una manera responsable si todos arrimamos el hombro un poquito.
Claro que pueden venir más, refugiados de la guerra siria y de otras partes del mundo. Pero es que la otra opción es seguir viendo niños muriendo hasta que nos volvamos insensibles. Yo, sinceramente, preferiría explorar la primera opción.
Queremos y debemos exportar las bondades de la democracia. No hay mejor propaganda que ésta. Convertirnos en una luz que se vea en todas partes y, así, otros muchos la verán y querrán que sus países sean como Europa.
Y así, quizás, hagamos un mundo mejor para todos esos niños y niñas que sí consiguen atravesar el mar.

epa03393999 Syrian refugee children walk near their tents at Al-Zaatri Syrian refugee camp, at the north east city of Mafraq, Jordan, 11 September 2012. According to media reports on 04 September 2012, the UN said a record 103,000 Syrians had fled the fighting in August, the highest monthly number since the conflict broke out a year earlier. EPA/JAMAL NASRALLAH

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