Si Grecia volviera al dracma

Joseph Stiglitz, un economista ganador del premio Nobel, ha dicho que Grecia debería votar “no” en el referéndum y prepararse, si fuera necesario, para salir del euro. Añadió que Grecia debería aprender del éxito argentino cuando declaró el default en 2001. No es que me atreva a contradecir a un premio nobel de economía, pero sí me gustaría reflexionar brevemente sobre qué pasaría, a priori (y salvo que exista información oculta que yo desconozca), si Grecia saliera del euro y regresara al dracma basándome, precisamente, en la experiencia argentina de principios de siglo.
La devaluación del dracma. La experiencia argentina nos dice que, tras declarar el default (el impago de la deuda contraída con el FMI en los plazos establecidos), Argentina se vio forzada a devaluar su moneda a un tercio de su valor. Eso significa que los argentinos se levantaron un día siendo tres veces más pobres. Volver al dracma permitiría al estado griego manejar su propia moneda pero, para manejar una crisis de este calado, la devaluación debería ser muy pronunciada, lo que conllevaría una pérdida de poder adquisitivo a todos los niveles brutal, máxime cuando hay que recordar que Grecia no saldría de la UE (en principio).
Las inversiones, las pensiones y el paro. Es fácil pensar que, como pasó en Argentina, los grandes capitales huirían del país ante su inestabilidad y ante la perspectiva de verse reducidos con la nueva moneda (salvo que el estado los siga bloqueando, algo que parece impensable). Esto reduciría la actividad económica y provocaría un más que posible repunte en la tasa de desempleo. La nueva recaída en el ingreso de impuestos llevaría a Grecia a declarar la congelación o la suspensión de pagos en sueldos públicos y pensiones. Esto podría repararse con la impresión de dracmas (recordemos que pueden controlar su emisión), pero una emisión tan grande volvería a devaluar el dracma respecto al euro y al resto de monedas fuertes. Con estas condiciones, el PIB griego se contraería aún más y las inversiones externas que estuviesen dispuestas a llegar a Grecia serían las del llamado capital-riesgo o “fondos buitres”.
La deuda y el FMI. Sí, salir del euro no elimina la deuda. Sólo la condonación de la misma por parte del acreedor o su pago la elimina. Una deuda en euros reconvertida a dracmas se multiplicaría dependiendo del valor que tenga el dracma en cada momento, pero sin duda sería muy alto. Y fíjense que si Grecia, como parece razonable, quisiese reestructurar su deuda, y siguiendo los pasos de Argentina, debería negociar única y exclusivamente con el FMI, el miembro de la troika más duro de roer (créanme, no es Alemania).
Importaciones y exportaciones. Como es lógico, las importaciones se encarecerían. Grecia es un país dependiente de las importaciones (incluso de productos básicos como la harina, por ejemplo) y, aunque importase de sus socios europeos, la diferencia del valor de ambas monedas, euro y dracma, encarecería mucho el proceso a los helenos. En cambio, las exportaciones se verían potenciadas por la competitividad de sus precios. A día de hoy, Grecia no es una gran potencia exportadora, pero podría suavizar el impacto por este lado (escaso en comparación con las contras).
¿Y para los países de la eurozona? Parece cierto que la ingeniería desarrollada durante la crisis podría limitar en términos cuantitativos el impacto de una salida de Grecia del euro, pero la realidad es que en una zona económica con una situación tan delicada como la de la eurozona, el Grexit supondría el retorno de la desconfianza por parte de los inversores, lo que se dejaría notar en la compra de deuda soberana (principal fuente de financiación de los estados). En 2012, el euro se encontró en su momento más delicado y la intervención del BCE, con las famosas palabras de Draghi, blindó la moneda y frenó la posible ruptura de la moneda única. Sin embargo, lo que en aquel entonces era un “nadie saldrá del euro” se convertiría en un “se puede salir del euro”. Si Grecia saliese, la pregunta que flotaría en los famosos mercados sería: ¿quién puede ser el siguiente? La compra masiva de bonos por parte del BCE puede frenar la caída de confianza y el aumento de la prima de riesgo, pero este programa no puede ser eterno. A los países del euro no les favorecería en absoluto el Grexit.
Argentina, 15 años después. Argentina recuperó su nivel de PIB 10 años después, pero su inflación es extraordinariamente alta (todo es mucho más caro que entonces, por lo que el poder adquisitivo es significativamente menor) y hace no mucho volvió a entrar en un nuevo default porque sigue sin pagar la deuda privada desde 2001 (pagó al FMI pero no al resto de acreedores). Por cierto, esto impide que Argentina pueda financiarse en los mercados internacionales.
Argentina tuvo una ventaja respecto a Grecia: era (y es) un país netamente exportador. Como he dicho más arriba, la devaluación de moneda favorece la exportación y Grecia es un país importador. Además, Argentina es un país rico en recursos naturales, no como Grecia. Convendría recordar también que el PIB argentino se redujo en 2002 a una tercera parte del que publicó el año anterior.
La salida de Grecia del euro devolvería al estado las competencias en política monetaria, una de las dos maneras más directas de recobrarse tras una crisis. No dudo que, con el tiempo, Grecia pudiera volver a recobrar parte del bienestar vivido hasta antes de 2007, pero me permito predecir que sería mucho, mucho tiempo. Quien crea que la salida del euro y la vuelta al dracma (o a cualquier otra moneda nacional) sería la panacéa, me temo que no está muy bien informado o es optimista hasta lo irreal. Ni siquiera Varoufakis quiere salir del euro porque sabe lo que conllevaría.
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Euro y dracmaphoto credit: CNBC

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3 Respuestas a “Si Grecia volviera al dracma

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