Cinco notas rápidas sobre la situación griega

No cabe ninguna duda de que el asunto más relevante en los últimos días, y probablemente continuará siéndolo en los próximos meses, es el del tercer rescate a Grecia (o su ausencia). Es un tema bastante complejo, por mucho que intereses de unos u otros pretendan simplificarlo al máximo. Por el momento, dejo aquí cinco notas rápidas sobre el asunto.
1. En términos absolutos, la deuda griega ha crecido de 301.000MM€ en 2009 a 317.000MM€ en 2015. Los programas de rescate europeos no han conseguido el objetivo que buscaban. Es más, en términos relativos, la deuda griega ha crecido desde un alto 126% del PIB en 2009 a un inasumible 180% en 2015. ¿Por qué? No tanto porque hayan crecido las deudas sino porque lo que se ha derrumbado han sido los ingresos. Éstos se hacen fundamentalmente a través de impuestos. La pérdida de poder adquisitivo al reducir pensiones y salarios, el descenso en el consumo o el aumento del paro, por poner tres ejemplos que conocemos bien aquí en España, tienen como consecuencia inmediata la interrupción en la recaudación de impuestos. Grecia ya ha hecho un fuerte ajuste en el gasto. El problema radica en que sus ingresos siguen estando por debajo lo que hace que la deuda siga aumentando.
2. Las llamadas políticas de austeridad impulsadas por la troika se basan en la siguiente lógica: si tengo un nivel de gastos superior al de ingresos, lo que se debe hacer para reducir el déficit (y por tanto la deuda) es aumentar el ingreso y reducir el gasto públicos. Las primeras medidas, bien conocidas aquí, son reducir el gasto público, lo conocidos recortes. Grecia ya ha hecho un ajuste brutal en sus gastos (aunque algunos se podrían ajustar más y en otros se han pasado) pero sus ingresos no aumentan. Es decir, que es necesario recaudar más impuestos. ¿Cómo? Hasta que la economía vuelva a funcionar por sí sola y la inversión llegue, esto se debe hacer mediante subidas de impuestos, especialmente los indirectos que son los que más recaudan (el IVA es el más conocido, pero no el único). Sin embargo, una inversión que impulsase el crecimiento económico ayudaría en ese sentido y permitiría, pasado un tiempo, volver a reajustar los impuestos una vez el motor ande por sí solo.
3. Lo que ha ocurrido es que nada de lo que ha llegado desde Europa a través de los rescates se ha dedicado a volver a arrancar el motor griego sino a cubrir incesantemente lo que la economía griega por sí sola no estaba en disposición de pagar, principalmente las deudas que el estado griego tiene con bancos europeos. Es decir, (casi) nada del dinero europeo ha sido productivo. El resultado lógico es que todo siga igual y que lo único que ha cambiado es que la deuda que antes Grecia tenía con, por ejemplo, un banco, ahora la tiene con la troika. Mientras tanto, el déficit y los intereses continúan aumentando la deuda griega. Es innegable que este mecanismo está ahogando su economía y mantiene a Grecia como un país dependiente de las ayudas europeas en un ciclo que parece no tener fin si la economía no remonta.
4. Syriza (y Podemos) dicen que Europa quiere que la deuda la paguen los más pobres porque la troika se niega a que la paguen los ricos. Conviene hacer una aclaración: desde una lógica económica, despojada de toda humanidad como se quiere hacer ver, esto no tiene ningún sentido. Más que nada porque si ése es el objetivo de la troika, me temo que es un negocio perdido. Ahora bien, lo que tampoco tiene sentido es pensar que con un impuesto a las grandes fortunas todo se soluciona. ¿Por qué? Muy sencillo. Con cada subida de impuestos, las grandes fortunas son más pequeñas o se van. Y sin grandes fortunas, ¿a quién le vas a subir los impuestos? Lo que dice Europa es que sólo con eso no es suficiente y que se necesitan otras medidas que sean más largas en el tiempo para evitar, entre otras cosas, el exceso de gasto público, la corrupción y el endeudamiento futuros, orígenes de la enorme deuda griega. Leído el documento aportado por la Comisión, he de decir que algunas propuestas son abusivas y otras más que razonables (intentaré detallarlas en una entrada posterior). La cuestión es: ¿por qué no se llega a un acuerdo?
5. Parece evidente que nadie quiere un acuerdo real y asumible. La troika considera que Grecia, sin su dinero, no puede hacer nada y, por tanto, cualquier concesión es un extra que Grecia y su gobierno deberían aceptar casi con gratitud. Se olvida, sobretodo la Comisión, que Europa pretende ser un espacio común y solidario y, aun entendiendo que se deben exigir ciertas contraprestaciones, no es asumible que los griegos la perciban como la fuente de sus males y de sus humillaciones. Europa debe ayudar a Grecia, no destruirla.
Por su parte, el nuevo gobierno griego no puede asumir que, tras ser elegidos para cambiar las cosas, acaben firmando un pacto con la tan denostada troika y creen que el precio político a pagar es menor sacando a Grecia del euro que acatando sus condiciones. Me pregunto si el precio político es más importante que el ciudadano, aunque, en honor a la verdad, me pregunto también si algún otro gobierno europeo lo haría al revés. Grecia lo va a pasar mal, de una forma u otra, y Syriza debe gobernar ese barco en unas aguas turbulentas que su gobierno también ha contribuido a crear. Que no se olvide eso tampoco.
¿Te ha gustado la entrada? ¿Qué opinas al respecto? ¿Quieres que profundicemos sobre algún aspecto de la cuestión griega? Deja tus comentarios aquí, en nuestra página de Facebook o escríbenos un correo electrónico.

Jean-Claude Juncker, Alexis TsiprasPhoto credit: euobserver.com

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