Cultura de Consenso

Siendo verdad que estamos en campaña electoral, lo que significa que es el momento de lucir las diferencias de forma más acusada si cabe con el resto de partidos políticos, la realidad es que hablar de pactos (o de su falta) forma parte del quehacer político de cualquier país democrático. Algunos, como Albert Rivera (C’s), prefieren no cerrarse puertas, al menos públicamente. Otros, como Pedro Sánchez (PSOE) se las cierra a PP, a Bildu y a nadie más. Pablo Iglesias (Podemos) dice que se sentará con cualquiera y, a la vez, con ninguno porque o son las antípodas, o son la casta. Soraya Sáenz de Santamaría (PP) dice que los demás deberían aclararse y que esta apertura de puertas significa falta de propuestas. Su director de campaña, Pablo Casado, ha llegado a exigir a Ciudadanos que aclare con quién pactará tras las elecciones del próximo 24 de mayo. Es decir, cada uno se posiciona según cree que le favorecerá a la hora de recaudar votos.
Pero en este ir y venir de declaraciones, salen a la luz varias contradicciones que no acierto a saber si son percibidas por la ciudadanía que ejercerá el voto este fin de semana. Por ejemplo, acerca de la cultura de consenso de nuestros partidos políticos. Bien es sabido, por ejemplo, que la coalición que une en el gobierno alemán a los socialistas con los democristianos en Alemania es vista desde nuestra clase política como un ejemplo de consenso y de democracia. Pero, ¿acaso no ha habido oportunidades aquí para, digamos, imitar tal consenso? Otro ejemplo: Angela Merkel nunca dijo con quién pactaría antes de las elecciones, principalmente por dos razones: la primera, porque un pacto no es mal visto por sus votantes (¿podríamos decir esto de los votantes españoles?); la segunda, porque para pactar, primero se necesita saber con qué fuerza cuentas tú y con qué fuerzas cuentan los otros. Por tanto, no tiene sentido hablar de pactos previos a las elecciones. ¿A qué viene ir anunciando a bombo y platillo con quién sí o con quién no se pactará? Permítanme una nota personal: me encanta que se tome continuamente ejemplo del resto de Europa pero “a nuestra manera”.
Intentaré dar una explicación. La realidad es que ni partidos políticos ni votantes hemos estado acostumbrados, en líneas muy generales, a la cultura de consenso o de pacto. En la mayor parte de nuestro país no pasábamos de tener 2 o 3 opciones entre las que elegir. Entre la primeras, uno gana y otro pierde. Entre las segundas, pesaba mucho el voto útil. Ahora que hay hasta cuatro partidos con opciones si no de gobernar, sí de condicionar o decidir, el voto útil pierde fuerza tal y como lo conocemos. Es entonces cuando entramos en un segundo escenario: nuestro voto útil cambia cualitativamente. Ya no votaremos para evitar que gane otra fuerza, porque nuestra primera elección no tiene opciones reales de gobernar; en el escenario vaticinado por las encuestas, donde parece inevitable tener que pactar para gobernar, nuestro voto útil irá para aquellas fuerzas políticas que tengan en su mano decidir la gobernabilidad.
Es muy posible que esto esté relacionado con la aparición de la propuesta según la cual gobernará la lista más votada (lo han planteado el PP y Susana Díaz para los ayuntamientos o Monago para las autonómicas entre otros). Una ley así fortalecería enormemente la gobernabilidad pero, tal y como explicamos en una de nuestras primeras entradas, eso significa menor representatividad. ¿Cuán democrático sería que gobernara una lista que ha recibido, pongamos por caso, un 25% de los votos? ¿Acaso no es esta atomización del voto un mandato de la ciudadanía sobre la necesidad de sentarse, dialogar y llegar a acuerdos que representen a una verdadera mayoría social?
¿Que por qué surge esta propuesta? Se han alegado razones de estabilidad y se ha dicho, incluso, que es que los gobiernos de coalición son más corruptos. La realidad es mucho más sencilla. Porque las cosas han cambiado y veremos pocos lugares donde se mantengan las 2/3 opciones. Para ver hasta qué punto va a cambiar el panorama electoral, voy a resumir brevemente los resultados arrojados en las elecciones municipales de 2011 con unos gráficos.
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Elaboración propia con datos de las elecciones de 2011 de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Haz clic en la imagen para ampliarla.

Como podemos observar, hasta la aparición de nuevos partidos que obtuviesen una real opción de influir en la política, la inmensa mayoría de alcaldías se resolvían con una mayoría absoluta. De este gráfico podemos inferir que la cultura de consenso está poco arraigada en nuestra política local. Baste sólo mirar los gráficos dónde vemos qué partidos disfrutan la mayoría absoluta en las municipalidades (al menos, hasta las elecciones del 24 de mayo, claro).
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Elaboración propia con datos de las elecciones de 2011 de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Haz clic en la imagen para ampliarla.

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Elaboración propia con datos de las elecciones de 2011 de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Haz clic en la imagen para ampliarla.

Esta poca cultura de consenso que se aprecia en nuestros gobiernos locales no está sólo motivada por la falta de tradición en lo que a gobiernos de consenso se refiere (que algo también tiene que ver) sino que es resultado directo, en muchos casos, de las pocas opciones existentes. Si ponemos el foco sólo en las capitales de provincia, podremos apreciar otro dato muy curioso.
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Elaboración propia con datos de las elecciones de 2011 de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Haz clic en la imagen para ampliarla.

A priori, el panorama no cambia demasiado, apenas un retroceso en el número de mayorías absolutas. Sin embargo, vamos a ampliar aún más nuestro zoom a las provincias que cuentan con, además de los partidos nacionales tradicionales, con aquéllos que son considerados nacionalistas.
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Elaboración propia con datos de las elecciones de 2011 de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Haz clic en la imagen para ampliarla.

Podemos llegar a la conclusión de que la necesidad de coaliciones o pactos puntuales para poder gobernar es mucho mayor allí donde hay un mayor número de partidos que defienden posiciones ideológicas más plurales y, según las encuestas, ése es el escenario al que nos estamos acercando.
Probablemente, veremos un cambio muy importante en los gráficos de nuestras ciudades, municipios y comunidades autónomas a partir del 24 de mayo, aún con resultados inciertos (recuerden, la inexperiencia en este tipo de políticas también influye). Es por eso que los posibles pactos se han convertido en un tema nuevo sobre el que discutir y, como dije al principio, sobre el que marcar las diferencias. La cultura de consenso, probablemente, comenzará a desarrollarse ahora, más por necesidad que por espíritu democrático.
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