Las consecuencias del desinterés político.

Creo que no hace falta que disimule lo fan que soy de los artículos de El País y por eso esta entrada tiene su origen en la última serie que han publicado en el diario. Esta serie de tres artículos trata la crisis y corrupción  en la Comunidad Valenciana, pero centrándose especialmente en un curioso aspecto político que es del que voy a hablar. Os voy a dejar el enlace aquí para que podáis leer los artículos y yo paso a hablar sobre el asunto.
La Comunidad Valenciana es, junto con la Andaluza, uno de los focos de corrupción política más grandes de España (sólo tenemos que fijarnos en el Mapa de la Corrupción elaborado por el diario El Mundo para ver cifras objetivas), pero sobre todo suponen dos comunidades en las que el poder del partido ha llegado a límites intolerables para lo que debería ser una democracia. El permanente apoyo ciudadano (legítimo por otra parte) y la falta de responsabilidad de sus gobernantes durante muchos años han hecho que el partido político se haya ido extendiendo y atrapando entre sus redes diferentes áreas de influencia, de tal forma que tiene un control total del territorio. Ha ido creando poco a poco una red clientelar de la que se benefician muchos ciudadanos, que no están dispuestos a favorecer un cambio, o incluso temen por ignorancia uno. También los propios políticos se encargan de amenazarles y mantenerles a raya, y esto por desgracia no es una opinión mía. Existen pruebas en las que se puede comprobar cómo es el funcionamiento de este sistema que acabo de explicar y, por supuesto, estoy seguro que de la misma forma se actúa en muchas otras Comunidades (espero de corazón que alguien se atreva a corregirme y a demostrar que era sólo un caso aislado). Si hay renovación política, esta influencia queda limitada, pues la propia alternancia no hace posible la permanencia de la influencia, pero no ha sido así y el poso ahora es difícil de quitar. La gente entonces no estaba interesada en la política, simplemente quería vivir bien y sin dificultades, y eso es algo de lo que se encargaron muy bien los políticos de proveer, aunque fuera en el fondo un espejismo. Ahora parece que criticamos al sistema y decimos que esto no es una democracia, que los políticos son unos sinvergüenzas y que están totalmente corruptos, pero no olvidemos que hemos sido los propios ciudadanos los que hemos permitido esta situación. La continua victoria de estos partidos en las urnas ha sido posible gracias al continuo apoyo de los ciudadanos, esos mismos ciudadanos que entonces se desentendieron de la política porque no querían “complicaciones” y vivían muy bien, muchos de los cuales ahora claman a los cuatro vientos.
Pero entonces, ¿cómo terminar con todo esto? Pues bien, lo primero no votando al mismo partido en el poder, creo que es regla básica. Si queremos cambiar una corrupción generalizada lo que hay que hacer es cambiar a todos aquellos que la han provocado o consentido. Hay que tener en cuenta que el gobernante va a querer mantener el puesto y para ello criticará y demonizará al contrario para crear una mala imagen sobre él hasta el punto de hacer creer a los ciudadanos que “más vale malo conocido…”. Hay que intentar no hacer ni caso y pensar además que la renovación del poder es lo natural en una democracia, dar la oportunidad a alguien distinto para que implante sus propias ideas. Esto no se aplica en el caso de que un gobierno esté funcionando bien, aunque tengo mi opinión personal de que de vez en cuando no viene mal alternar, pero no de forma tan radical como en casos patentes de corrupción y mala gestión.
Es difícil evitar que las personas se desvíen del buen propósito, pero si encima los propios ciudadanos lo favorecemos ya la tarea se vuelve imposible. La política ha sido durante muchos años el tema aburrido de las conversaciones, y me refiero a política seria, no a chismorreos de tasca (por entretenidos que sean). Pues bien, ya estamos pagando un alto precio por ese alejamiento a ver si a partir de ahora empezamos a actuar con responsabilidad y a pedir responsabilidades cuando haga falta. No se puede permitir que salgan actuaciones de políticos tan vergonzosas, como la actuación de Irene Sabalete ejerciendo coerción sobre el voto o el conteo de dinero de Alfonso Rus, y la reacción de las personas sea de impasibilidad. Debemos ser firmes en pedir responsabilidades y en castigar con el voto cuando no se actúe con la firmeza necesaria. De esta forma recobraremos nuestra posición como ciudadanos y no seguiremos siendo el ganado que hemos sido hasta ahora.
alegria_Rita_Barbera
Fuente imagen: blogs.lavanguardia.com.
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