Alcaldes perpetuos

Estaba leyendo El País el otro día y me encontré con uno de los reportajes “A Fondo” que suelen hacer en el periódico (que recomiendo encarecidamente, por cierto). Este en concreto trataba la situación de 47 pueblos en los que, desde las primeras elecciones municipales de 1979, mantienen el mismo alcalde, es decir, 36 años en los que no ha habido alternancia en el poder (lo recalco para explicar un argumento más adelante).
Hay que decir que, debido al tipo de sistema que tenemos en España, esta realidad es perfectamente legal y no tiene nada raro mas que la propia extensión del mandato. Recordemos que el régimen electoral en España consiste en votar de forma directa a unos representantes y que posteriormente estos escojan al líder, llámese presidente o alcalde. Además, en España no hay límites a la reelección de estas personas por parte de las asambleas, lo que posibilita esta situación que estamos tratando ahora. Debemos tener en cuenta que aunque estemos en un sistema formal de elección indirecta, es inevitable que la gente identifique el partido con una persona concreta y cuando vaya a votar piense en ella como la que será elegida de ganar su partido las elecciones, pese que en realidad cualquiera podría ser escogido a posteriori.
Que una persona pueda ser elegida un límite infinito de veces tiene unas consecuencias que debemos tener en cuenta. La primera, y más importante a mi parecer, es que no se da alternancia democrática. La riqueza de una democracia reside en la variedad de líderes y que cada uno aplique un método de gobierno distinto que aporte diversidad al sistema. Que una persona salga escogida una y otra vez da estabilidad y resulta eficiente para el gobierno, ya que la forma de hacer las cosas y el conocimiento del sistema después de tantos años está más que aprendido. Si además le sumas que la forma es correcta (que por algo les votarán, supongo) pues obtienes el bonito refrán de “si funciona, ¿para qué cambiarlo?” Sin embargo, y por muy bien que se hagan las cosas, es inevitable dejar de lado otras que salen perjudicadas, no se puede beneficiar a todos. Se dejan de lado además otras formas de gobierno quizá igualmente válidas y correctas de gobierno.
Por otra parte (a partir de aquí voy a hablar de posibilidades, no de situaciones que se den en estos pueblos) esta reelección constante de la misma persona, que se acentúa además en poblaciones pequeñas como las del artículo, suele venir de la mano de cierta red de clientela, personas próximas al líder que se benefician de algún modo de su situación y que, por tanto, se preocupan por su continuidad en el poder, ya que supone la propia continuidad de su beneficio. Esto afecta a la forma de votar y perjudica el espíritu de la democracia.
Otro elemento que suele venir de la mano, y que menciona el artículo, es la existencia de cierto carácter despótico del gobernante. Tantos años en el poder, siendo además escogido libremente por los ciudadanos, lo que da mayor legitimidad, conlleva que el líder piense que su forma de hacer las cosas es la correcta, no otra, y que por tanto no admite críticas o comentarios a su gestión. Es más, en el artículo se menciona que un alcalde llegó al punto de no permitir la réplica en los plenos y que estos duraban cinco minutos, los justos para que se votaran su propuestas y punto. De alguna forma, y muy entrecomillado, es como si el pueblo aceptara una autocracia que le proporciona estabilidad (hay muchos debates en torno a esto). En cualquier caso, supone otro golpe al mencionado espíritu de la democracia.
Para finalizar, debo repetir que las situaciones que vemos en el artículo son de acuerdo a derecho y a la libertad de las personas para votar, pero creo que como ciudadanos tenemos ciertas responsabilidades más que preocuparnos por la estabilidad económica. No significa que tengamos que votar a lo loco y que haya cambios constantes (precisamente estoy a favor de sistemas que provoquen estabilidad más que representatividad), pero considero que, ya que tenemos la oportunidad de votar, pensemos al hacerlo y valoremos las opciones, en vez de escoger “al de siempre” o “a lo que funciona”. Pero claro, la existencia de libertad de voto supone que se puedan dar estas situaciones, lo que no deja de ser curioso.
Aprovecho para recordar que dentro de un mes y poco tenemos elecciones autonómicas y municipales en España. Aprovechemos nuestra libertad y veamos las opciones, hagamos el esfuerzo de leer los programas políticos (aunque en algunos casos sean papel vacío) y, finalmente, votemos con cabeza y no nos dejemos llevar por pasiones o sentimientos. Creo que es así como se construyen las buenas democracias.
imagen de el Saucejo
¿Qué te ha parecido la entrada? ¿Apoyarías una autocracia a cambio de estabilidad? ¿Crees que las situaciones del artículo son buenas para la democracia? ¡Comenta y opina!
Fuente imagen: elsaucejo.es.
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