Crónica de una crisis de crisis (IV): el segundo desequilibrio

Hablábamos en la anterior entrada de esta serie sobre las balanzas deficitarias de las economías desarrolladas que aumentaron enormemente las deudas pública y privada. Paralelamente, se estaba produciendo otro desequilibrio provocado por los bajos tipos de interés que ofrecía la venta de deuda tradicional, lo que desembocó en el fenómeno de las titulizaciones. Pero vayamos por partes.
Como decíamos, las economías emergentes y exportadoras y Alemania invirtieron sus sobrantes en préstamos a las economías desarrolladas (entre las que se encuentra España). Esta abundante inversión provocó que los intereses exigidos por la compra de deuda, tanto pública como privada, bajaran drásticamente. ¿Por qué? Por la simple ley de la oferta y la demanda: cuanta más demanda hay de un bien (un bono de deuda pública, por ejemplo), más bajará el precio.
¿Qué pasó en las economías desarrolladas? Que ante la llegada de tanto capital a tan bajo coste, se inició un boom de crédito; esto es, que los países, las entidades financieras, las empresas y los ciudadanos se financiaban con tal facilidad y con costes tan razonablemente bajos que aumentaron las solicitudes y aumentó el techo de gasto (aumentando aún más el endeudamiento). Para que se vea más claro:
  • Los Estados decidieron aumentar la cantidad de deuda vendida, para así disponer de más financiación para las políticas públicas, que se convirtieron en la bandera de los distintos gobiernos de cualquier administración pública, un arma política al fin y a cabo.
  • Las entidades financieras captaron mucho dinero “barato”, lo que aumentaba las posibilidades de ofrecer créditos a administraciones públicas y a privados con tipos de interés asequibles y atractivos. El razonamiento era que cuantos más créditos concediese, mayores beneficios obtendría.
  • Las empresas obtenían abundante financiación en forma de créditos de forma muy sencilla con límites muy altos. Esto les otorgaba la posibilidad de crecer y expandirse, cosa que hicieron muy rápido ayudadas por un alto nivel del gasto privado dedicado a bienes y servicios, pero la demanda no crecía tan rápidamente como la oferta.
  • Las familias y los individuos también tenían un acceso al crédito muy atractivo y asequible. Lo facilitaban las entidades financieras y el nivel de desempleo era de los más bajos de la historia reciente (también en España), por lo que parecían asentarse sobre un nivel de seguridad en los ingresos que, después, se vio que era irreal.
A día de hoy, sabemos que la valoración del riesgo resultó ser falsa, pues el considerable aumento de la deuda pública no pareció ser un factor a tomar en cuenta. Además, el endeudamiento privado no fue usado principalmente para el incremento de bienes y servicios sino para adquirir activos duraderos, principalmente viviendas, lo que creó la famosa burbuja.
Pero fue otra la consecuencia que más influyó en el estallido de la crisis (las mencionadas anteriormente tendrán consecuencias en el medio plazo): los inversores querían más rentabilidad. Se ha mencionado anteriormente que los bonos de deuda tradicional redujeron su rentabilidad a causa de la gran demanda que de ellos había, por ser una inversión (aparentemente) segura. Así pues, se crearon nuevos productos financieros que otorgaran mayores intereses, siempre dentro de un riesgo asumible.
Así nació el fenómeno de las titulizaciones, que explicamos en este breve video:
http://www.youtube.com/watch?v=y43BeTrxZxM
Con esta técnica financiera, el banco diversificaba el riesgo y el inversor recibía una buena rentabilidad. Estos títulos tenían una duración determinada que, llegado el momento, se renovaban con el mismo inversor o se vendían a otro. El crecimiento mencionado en la segunda entrada de esta serie, el enorme flujo de inversión extranjera y los bajos tipos de interés, parecían hacer presagiar que eran productos sin apenas riesgo que otrogaban un mayor beneficio tanto a la entidad financiera como al inversor.
Este fenómeno se dio sobre todo en Estados Unidos pero los compradores de estos títulos no sólo eran inversores o entidades estadounidenses, sino que también había muchas extranjeras, europeas sobre todo.
Esto constituye un desequilibrio porque, al estallar la crisis, las deudas pendientes pasan a tener un alto riesgo de impago. Los inversores venden sus títulos a precios muy bajos para no perder todo su dinero y, los que pueden, dejan de renovar sus títulos con los bancos quienes, al contrario de lo que esperaban, volvieron a asumir el riesgo y las más que probables pérdidas, con todo lo que eso conllevaba una vez se habían convertido en entidades sistémicas. Pero a esto volveremos en una entrada posterior.
¿Te ha quedado clara esta entrada? Si necesitas cualquier aclaración, no dudes en pedírnosla. ¡Participa y compártenos!

Two businessman shaking handsphoto credit: Angel Broker Group

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