Inversiones locas

Estaba leyendo El País y he visto por curiosidad un artículo sobre el “Pabellón Reyno de Navarra Arena” que al parecer ha costado hacer 60 millones de euros. Lo peor no es el precio (que ya de por sí tiene su aquel) sino que al parecer es tan grande que no resulta viable su apertura. Es decir, el ayuntamiento ha gastado 60 millones en un moderno pabellón multiusos para eventos deportivos, culturales y demás y resulta que una vez hecho es excesivo para el uso que se le daría y por tanto no es recomendable su apertura. Hay que decir además que el edificio tiene que tener un mantenimiento para evitar desperfectos, mantenimiento que cuesta 250.000€ al año. Y yo me pregunto, ¿estamos locos?
Este primer párrafo me viene bien como punto de partida para hablar sobre las conocidas inversiones en infraestructuras que se han hecho en este país y que ahora, y hasta dentro de muchos años, estaremos pagando los españoles. No es tanto hablar sobre las infraestructuras en concreto sino sobre la mentalidad de los responsables políticos entonces. Para ello hay que recordar la etapa de la Gran Moderación, de la que hemos hablado aquí. En 1993 España comenzó una etapa de crecimiento que no terminaría hasta 2008, pero que entonces parecía no tener fin. Y con esa mentalidad los responsables políticos comenzaron una época de inversiones sin término. Esto se puede ver especialmente en el transporte (AVE, aeropuertos y autopistas), pero ejemplos de pabellones multiusos y similares hay por todo el país. ¿Qué lleva a un político a decidir gastar las cantidades que se gastaron en inversiones sin sentido alguno? ¿Por qué no hubo un uso racional del dinero? Por una parte está lo que hemos dicho antes, parecía que no iba a haber fin en el flujo del dinero. Por otra, estas obras daban votos, así de simple. Ahora puede parecer que toda la culpa fue de los políticos, pero no hay que olvidar que en muchos casos los ciudadanos exigimos esos servicios, incluso hoy en día seguimos exigiendo inversiones públicas aun sabiendo que no son rentables y no tiene sentido ofrecerlas, habiendo sobre todo alternativas razonables. Esto no quita que el responsable último sea el político que decide llevar a cabo la obra, pero quizá debemos ser más conscientes de lo que ha llevado a esa persona a tomar esa decisión. Los políticos se mueven por votos, es un hecho, si tiene el dinero y sus votantes le apoyan ¿qué le impide llevar a cabo el proyecto? Ahora vemos las consecuencias de esa época, ¿habremos aprendido de ella?
¿Qué te ha parecido la entrada? ¿Crees que efectivamente los ciudadanos tenemos parte de responsabilidad? ¿No? ¡Comenta y muestra tu opinión!
Pabellón Reyno de Navarra Arena
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3 Respuestas a “Inversiones locas

  1. Bueno Miguel, pues como me pediste que comentara en el blog, me pongo manos a la obra.

    Estás poniendo sobre la mesa la variable votos, que no digo yo que no afecte, pero lamentablemente existen otras variables menos dignas que contentar/comprar los votos ciudadanos.

    Por desgracia la investigación de la caja B del PP (pieza separada del caso Bárcenas) descubre donaciones ilegales (por cantidad y por participar en concesiones públicas) de un montón de empresas constructoras: Sacyr, FCC, OHL, Aldesa, Sando, Assignia, Azvi, Bruesa, Licuas/Desprosa, Asedes, Cyopsa-Sisocia, Construcciones Rubau, Degremont, Sorigue y José Antonio Romero Polo SAU, etc.

    Llámame mal pensado, pero que una empresa que participa en concursos públicos, done dinero a un determinado partido…resulta cuando menos sospechoso.

    En el caso de Valencia y Calatrava con proyectos ni siquiera realizados, es la más bonita historia de amor desde Juana y Sergio (son ahora los enamorados).

    El aeropuerto de Pirineos como aficionado a la montaña, me encanta, en todo el año 2014, 263 pasajeros frente a una previsión de demanda de 160.000 pasajeros al año (parece el cálculo de una manifestación 15M vs Cifuentes)

    ¿Se habrán los políticos inventado obras para rescatar el sector de la construcción, al igual que hicimos con los bancos y de esa manera compensar sus donaciones?

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  2. Hola Alejandro,

    Te agradezco tu comentario porque de hecho tocas un elemento que tuve en mente para poner pero que al final decidí que no al quedar muchos cabos por resolver, muchos procedimientos judiciales abiertos sobre todo (como el caso de la caja B del PP que comentas). Sin embargo lo tuve en mente y estoy convencido de que nos queda mucho por ver del tema.

    A pesar de ello, también decidí no ponerlo porque el elemento del voto creo que es el más importante. Si decidieron seguir adelante con todos esos proyectos es porque sabían que la gente iba a estar satisfecha y les iba a afianzar en el poder, quizá permitiendo alargar esa bonita relación amorosa que comentas en muchos sitios. Si la gente hubiera mostrado un rechazo claro no creo que lo hubieran hecho. Piensa que muchas no son infraestructuras esenciales, son solo para poner bonita la localidad, hubieran tenido que inventarse otra cosa.

    Gracias por tu comentario de nuevo, un saludo.

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  3. Hola Alejandro y Miguel. Sólo me gustaría intervenir para dar mi opinión sobre una cosa. No creo que los políticos se inventaran las obras para rescatar al sector de la construcción. Quiero recordar que el gran boom urbanístico (y no sólo me refiero a viviendas) comienza a mediados de la década de los 90 y la obra pública ya era fuerte en España. Más bien creo que los políticos encargados (alcaldes y concejales de urbanismo, principalmente) utilizaron las obras con un fin electoral, como dice Miguel en la entrada, pero también como una forma de conseguir un rédito personal extra, bien en dinero, en propiedades o en puestos. Obviamente, hablo del nivel municipal que ha sido el más escandaloso.

    Pero si esto lo trasladamos a las grandes obras llevadas a cabo por las administraciones estatales, no se diferenciaría mucho. Es decir, el caso Bárcenas, según plantea el juez Ruz, consistía en que el PP recibía una donación en B y dicha donacióntenía una relación directa con la adjudicación de obras públicas a dichas empresas con el fin de conseguir réditos electorales y beneficios personales, tal y como hacían los alcaldes y los concejales a pequeña escala.

    Un saludo.

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