De las cuotas de género en los gobiernos

La cuestión de la igualdad de género es tremendamente compleja. Si a eso le añadimos que es a menudo politizada y utilizada como arma arrojadiza a las primeras de cambio, además de compleja, esta cuestión se vuelve (casi) imposible de tratar. En esta entrada hablaré de la igualdad de género como una parte ineludible de la igualdad defendida y protegida en cualquier estado social, entre los cuales se encuentra España. Y más concretamente, diría dentro de la igualdad de oportunidades, que entiendo como el acceso al éxito individual (sea como fuere entendido éste por cada individuo) basado en las decisiones personales y no en otras características externas tales como la raza, la familia en la que naces, la clase social o el sexo. Por poner una metáfora, que las cartas repartidas al inicio de la partida no sean definitivas y limiten las opciones de juego a unos y no a otros. El género es una de estas cartas que, a día de hoy, siguen limitando las opciones de juego a las mujeres.
En un estado social, el papel de la política es minimizar las desventajas de quienes tienen esas cartas al máximo posible con el fin de que, durante la partida, tengan opciones razonables para conseguir sus metas. El ideal, claro está, sería reducir esas desventajas a cero pero no voy a pecar de inocente. Hay muchísimos pequeños y grandes pasos que se deben dar aún antes de alcanzar tan loable como lejano objetivo.
Asumo también como postulado que el cambio total no sólo puede provenir de la política. Debe venir de la sociedad misma, de los roles que ésta asigna a unas y a otros por nuestra condición biológica y/o social, de las expectativas que de nosotros y nosotras se tiene y del modo en que somos educados para poder responder a todas estas exigencias.
Todo esto viene por la polémica generada por la no inclusión de mujeres en el gabinete del recién nombrado gobierno griego de Syriza. Aquí en España, en el año 2007, se publicó la Ley de Igualdad que obligaba, entre otras medidas, a consejos de administración, listas electorales y administraciones públicas a tener, al menos, un balance 60-40% de hombres y mujeres. He de decir que yo no soy partidario de cuotas. Creo en la meritocracia y, en el caso de la política, en que elegir a los cargos públicos de entre los más capaces es lo mejor. Si estuviésemos en una sociedad que no tuviera el género como hándicap, me daría igual que hubiese un gobierno formado íntegramente por hombres o por mujeres, entendiendo que esas personas son elegidas de entre los más capaces.
Pero sí creo en el espíritu que impulsó aquella ley. Para poder elegir al más capaz, éste o ésta debe demostrarlo y la realidad es que a las mujeres se les otorgan menos oportunidades de demostrarlo. Aquella ley es el símbolo de la imperfección de una sociedad tradicionalmente masculinizada en la que las mujeres deben demostrar su capacidad para ocupar un puesto, mientras que al hombre se le supone.
Solucionar esta cuestión no es fácil. Como he dicho anteriormente, LA solución hay que buscarla muy profundamente en la sociedad misma, pero sí podemos intentar ir erosionando, poco a poco, para que las generaciones venideras sí que encuentren dicha solución. Aquí planteo la siguiente reflexión: creo que la solución pasa por empezar a reconocer que hombres y mujeres somos distintos y tenemos preocupaciones, necesidades y experiencias vitales distintas, pero también asumir que por diferentes, unas, las masculinas, no son mejor que otras como tradicionalmente se ha venido entendiendo, sino que forman parte de un mismo todo. ¿No sería deseable mezclar unas y otras para conseguir visiones más ricas, para acercarnos más a esa justicia e igualdad sociales tan deseables? ¿Poner mujeres en un gobierno ayuda en esta cuestión o es secundario?
Incluir mujeres en un gobierno es, desde mi punto de vista, una cuestión de justicia en tanto en cuanto creo que, si se confía en ellas, es por su capacidad y ésta no debe ser cuestionada. ¿O acaso alguien duda de que existen muchas mujeres capaces de ejercer puestos de responsabilidad en un gobierno? Otra cosa es que se incluyan mujeres para cubrir un cupo o por propaganda política. Sin embargo, incluir mujeres también manda un mensaje a la sociedad. Es un símbolo del papel que, por esa igualdad que se pretende, debe jugar la mujer en la esfera pública, que, a la postre, nos afecta a todos y todas. Es un mensaje para la igualdad de oportunidades, de crear, artificialmente si se quiere, esas oportunidades a las mujeres de demostrar su capacidad y empezar a romper esas diferencias: al hombre se le supone la capacidad. A la mujer, se le debe suponer también. O mejor dicho, que cada persona demuestre su propia capacidad. Y tampoco desdeñemos el mensaje por el cual dicho gobierno pone sobre la mesa los intereses de las mujeres en las políticas públicas.
Hace unos días escuché en la televisión una frase que, aunque no se refería a la igualdad de género, es aplicable aquí: la igualdad es un derecho, pero la desigualdad es un hecho. Quizás el primer paso para solucionarlo sea reconocerlo.
¿Y tú? ¿Qué opinas de este tema? ¿Cómo ves el hecho de que Syriza no haya incluido a ninguna mujer? Comenta y danos tu opinión aquí y en nuestras redes sociales. ¡Tu opinión importa porque es una cuestión que nos afecta como sociedad!

igualdadphoto credit: K. M. O’Sullivan

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