El ideal detrás de la UE

Auschwitz

El 27 de enero de 1945, el ejército soviético entraba en el más mortífero de los aproximadamente 15000 campos de exterminio y concentración que la Alemania nazi levantó en sus territorios: Auschwitz-Birkenau (Polonia). Las cifras de víctimas allí ejecutadas bailan, según la fuente, entre 1,1 y 1,6 millones de personas. Es la fase final de la II Guerra Mundial.
Porque con la I Guerra Mundial no pareció haber sido suficiente. Europa, la Vieja Europa, sufrió más que nadie y los líderes políticos de aquel entonces fueron conscientes de que, aun existiendo diferencias, aquello no se podía repetir. Bajo la sombra de los dos grandes bloques enfrentados en la Guerra Fría, Europa se fue transformando con el objetivo de fortalecer los lazos de unión (fueran del tipo que fueran) y enterrar las diferencias insalvables que podían arrastrarla otra vez al desastre.
La realidad fue que Europa pasó a un segundo plano en el escenario internacional y se vio en la necesidad de iniciar un proceso que solventara el drama europeo, como lo describió Churchill en su conocido discurso de 1946 en Zurich.. Tras la Primera Guerra Mundial, los estados decidieron aislarse, encerrarse en sus propias fronteras buscando que “el silencio” y el tiempo restañaran las heridas. Como se demostró, nada más lejos de la realidad.
Los dirigentes europeos parecieron aprender la lección y pronto empezaron a surgir las colaboraciones internacionales como las del Benelux o las franco-alemanas. Reforzar los lazos ayudarían a forjar alianzas comunes, no a aumentar el odio y a señalar las diferencias. La forma más rápida de conseguir esa alianza era a través de la economía.
Así nació, a grosso modo, la Unión Europea, una búsqueda de una mejor convivencia, basada en las ventajas que tenía colaborar y no combatir. Un ideal. En 2017 se cumplirán 60 años de la firma del Tratado de Roma, el que da el pistoletazo de salida a lo que hoy llamamos Unión Europea.
Probablemente, Auschwitz es la mayor expresión de aquella guerra tan cruenta como salvaje. Fueron cerca de 6 años en los que el mundo se devoró a sí mismo, especialmente Europa, debido al odio, las ansias de poder y la intolerancia. Allí se guardan dos toneladas de pelo cortado a las mujeres que fueron víctimas. Hoy sólo quedan apenas unos 300 supervivientes para recordarnos en qué se convirtió el mundo cuando se decidió dejar dar rienda suelta al odio, la inquina y la rabia. Hoy, la Unión Europea, creada para que aquello jamás volviera a ocurrir, está puesta en duda. ¿Acaso ya estamos olvidando de dónde venimos?

photo credit: Auschwitz.org

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