Economía: ¿Equidad o eficiencia?

Vivimos inmersos en una economía de mercado, lejana del capitalismo original que defendía la no intervención del Estado en el sistema, en tanto en cuanto el sistema mismo se autorregulaba y equilibraba. Pero el sistema capitalista estaba pensado para ser un sistema eficiente y no equitativo. Es decir, el sistema capitalista, en sus postulados básicos, favorece la desigualdad social, principalmente porque no es su objetivo acabar con ella, a pesar de que Adam Smith escribió que el egoísmo individual repercutía en el bien común. Tampoco podemos negar, ciertamente, que la economía de mercado que se practica actualmente en Europa ha permido cubrir las necesidades básicas de la inmensa mayoría de la población, algo que no ocurría hace no tanto tiempo.
La cuestión que planteamos aquí es la siguiente: ¿Qué ocurre con los menos favorecidos? ¿Que obtengan lo materialmente imprescindible es suficiente? Podríamos hablar de moral y decir que, por cuestión de semejanza, el bienestar de otros es una obligación nuestra al igual que nuestro bienestar debería serlo para el resto. Adam Smith, en la obra que enuncia la teoría capitalista (La riqueza de las naciones, 1776), dice que toda acción económica que tenga como una de sus consecuencias el bien común, es pura y simplemente un resultado colateral pues el ser humano, por principio, sólo mira por su interés particular. Si se consiguiese un bienestar universal sería por una cuestión de intereses individuales, pero el propio Smith veía esta situación muy, muy lejana.
Así pues volvemos al enunciado del primer párrafo: el sistema capitalista es un sistema que busca la eficiencia, es decir, el máximo beneficio posible (entendiendo beneficio como el mayor rendimiento posible, no únicamente monetario). Dado que hablamos de que son los intereses particulares los que priman, el beneficio de uno suele implicar el empeoramiento de otro. De este mismo modo, la equidad se consigue, generalmente, a costa de la eficiencia y viceversa. Es en este punto donde entra la política.
Si el sistema económico busca la eficiencia y el político, la equidad (o también llamada justicia social), nos encontraremos que muchas veces entran en conflicto. Reservar plazas de aparcamiento para discapacitados es una medida política en favor de la equidad, pero es también una medida claramente ineficiente pues probablemente esa plaza no será usada las máximas veces de lo que pudiera serlo. Pero si quisiéramos que fuese una medida completatemente equitativa, debería haber una plaza por cada discapacitado, pero eso sí que reduciría drásticamente la eficiencia pues, probablemente, faltarían plazas para los demás vehículos.
Así, una vez más, se produce un conflicto y, como ya dijimos en nuestra primera entrada, una de las dos funciones principales de la política es resolver los conflictos que surjan. Sin embargo, los gobiernos se enfrentan hoy a un problema de dimensiones muy diferentes a los que surgían hace 20 años. Vivimos en un mundo global, con una economía global. Un sólo país no puede hacer frente a una economía de este calibre. Es por eso que la economía, la gran economía que hoy vemos como la creadora de las grandes injusticias, es hoy más que nunca un asunto político.
¿Qué opinas? ¿Debemos apostar por economías más equitativas o más eficientes? ¿Qué harías si fueras Ministro de Economía? Déjanos tus opiniones e ideas en los comentarios y en nuestras redes sociales.

equidad o eficiencia photo credit: Fortimbras via photopin cc

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