Eligiendo un sistema electoral

Unas elecciones se rigen por un sistema electoral. Pero, ¿qué es un sistema electoral? Es el procedimiento usado para convertir los votos en cargos ejecutivos y legislativos (diputados, senadores, concejales, diputados autonómicos…). Tan fácil como eso.
Ahora bien: ¿qué sistema se elige? Aunque intervienen muchos factores, son dos los que están por encima del resto: la proporcionalidad y la gobernabilidad. Estos dos factores no siempre son complementarios sino que, a veces, se contraponen. Las tendencias en las democracias occidentales es buscar un sistema mixto, que busque el punto medio entre ambas.
El ideal de un sistema democrático, si tomamos su definición literal, es que la cámara u órgano votados reflejen la pluralidad de los votantes, ya que sería el único modo en que las decisiones que tomasen fuesen realmente un reflejo de la voluntad popular. Así pues, un sistema proporcional perfecto sería aquél en el que cada partido recibe un porcentaje de escaños exactamente igual al porcentaje de votos recibido (o que se acercase lo máximo posible, dada la imposibilidad de dividir asientos y/o personas, si la división no fuese exacta).
Pero este sistema conlleva un problema: una cámara puramente proporcional no siempre permite la formación de mayorías estables, lo que puede perjudicar o, incluso, paralizar, la toma de decisiones. La excesiva fragmentación puede paralizar la actividad del Gobierno, por ejemplo, o del propio Congreso. Buen ejemplo de ello se vivió en Italia, a principios de 2013, cuando el país careció de Gobierno durante más de dos meses por la falta de acuerdos en su Parlamento.
Un ejemplo:
Datos de Metroscopia para El País, octubre de 2014

Datos de Metroscopia para El País, octubre de 2014

De cumplirse estos datos, resultaría, a priori, tremendamente complejo formar una mayoría estable que respaldase a cualquier gobierno. Probablemente, sería necesario convocar nuevas elecciones, que no cambiarían gran cosa. Un sistema electoral “corrige” este posible problema.
Los sistemas electorales son confeccionados para dar una mayor seguridad de que una gobernabilidad estable será posible. Sin embargo, un sistema que favorezca única y exclusivamente la gobernabilidad corre el riesgo de no reflejar la voluntad política de los ciudadanos, creando casi con toda seguridad algún tipo de conflicto social que desembocará en problemas aún mayores.
Así pues, los sistemas electorales hoy día se componen para intentar equilibrar ambos factores: otorgar al sistema una gobernabilidad estable, reflejando la pluralidad política del electorado, que si bien no será exacta, debe aproximarse lo más posible. Para ello, se imponen límites, que pueden ser naturales (p. ej., el tamaño de las circunscripciones) o artificiales (p. ej., poner un umbral mínimo de votos conseguidos para optar al reparto).
La realidad es que no existe un sistema perfecto (lo que no quiere decir que no sean mejorables), sino soluciones técnicas y de compromiso aceptadas por los partidos políticos y aceptables para los votantes. En nuestra siguiente entrada hablaremos del caso español y su archifamoso sistema d’Hondt.
¿Alguna vez te habías planteado esto? ¿Se lo plantean quienes exigen un cambio en la Ley Electoral? ¿Qué opinas de todo esto? ¿Proporcionalidad o gobernabilidad? Puedes comentar aquí debajo (te lo agradeceríamos) o en nuestras redes sociales. Comparte esta entrada si la consideras útil y no dudes en contactar con nosotros si te ha quedado alguna duda, quieres preguntar algo o que añadamos más información. ¡Participa!
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8 Respuestas a “Eligiendo un sistema electoral

  1. Está claro que hasta ahora en nuestro país, nos hemos o se han decantado por la gobernabilidad, lo que ha propiciado el gran poder de los partidos nacionalistas y la hegemonía de PPSOE. Por tanto, creo y estoy seguro de no ser yo solo, que es hora de un cambio de ley a circunscripción única con un reparto totalmente proporcional y que los políticos lleguen a verdaderos acuerdos, que además, es su trabajo y se les paga por ello (a nivel nacional y a nivel autonómico).

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    • Por el momento, nosotros nos limitamos a explicar lo que ocurre y no a opinar pero, más allá de lo deseable, y con la experiencia en la mano, ese marco parece lejano. Los pocos sistemas puramente proporcionales experimentados no han dado muy buenos resultados prácticos (véase el caso italiano, nombrado en la entrada, que sin se puramente proporcional ya dio problemas y se ha decidido cambiarlo). En lo que respecta a los partidos políticos y a sus acuerdos, trataremos más adelante sobre ellos.

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